La ciudad invisible

César Requeséns

crequesens@gmail.com

Proteger a Leonor

Lo catalán, cuanto más quiere ser él mismo más español resulta. En su virtud y en su miseria

Las cosas se han planteado en Barcelona estos días a la manera de El Señor de los anillos. Una princesa niña completamente rodeada de orcos oscuros a los que les habla en su idioma mientras que ellos quieren incendiar el recinto. Todo lo de Cataluña adquiere últimamente cualidades fílmicas a poco que lo pienses. No en vano toda la batalla es entre dos imaginarios que colisionan, dos relatos, uno sólido y cimentado en la historia y otro edificado a base de demonizar al primero, que pugnan por hacerse hegemónicos en la Plaza de Cataluña.

Una tierna niña que va siendo símbolo del futuro que muchos desean: dinámico y esperanzado mirando hacia un futuro con unión en el que se sumen fuerzas y esfuerzos. A pesar de todos los que necesitan destruir primero para empezar a construir. No. Leonor, bella princesa de este cuento real con futuro que es España, no necesita indisponerse con su padre negando a todos los que la antecedieron en su función principesca que un día será reina. Ella está aprendiendo a sumar antes que a restar.

Un valor no compartido por todos el que ella representa, claro. La esencia catalana es tirando más a república que a monarquía. Bueno, un poco como el resto de los españoles, claro, que a todos nos resulta más una institución conveniente que un ideal inamovible. Lo catalán, cuanto más quiere ser él mismo más español resulta. En su virtud y en su miseria. Véase si no el pillaje sistemático de la 'famiglia' depredadora de los Pujol para entender lo que luego sucedió a escala nacional con el PP y su escandalosa querencia por llenarse ilegalmente los bolsillos. Y de los del PSOE del sur, pues para qué hablar, de 'puticlús' y recolocando parientes y amigos aprovechando los EREs de la ignominia. Lo más pícaro de lo español también gusta de lucir barretina, ya se ve.

Hay que reconocerle la valentía a esta niña y a su familia. Como al padre, Felipe VI, cuando reinó y se ganó el reino saliendo a dar la cara por esa mitad inmensa de españoles que nadie defendía ni amparaba. Ahora hasta se ha llevado a su más tierno retoño, su hija, la Leonor que encarna la esperanza de que algún día, cuando las cosas vuelvan a su cauce sensato, pueda también decir Visca Catalunya y que todos lo digamos con ella, porque será como decir Viva España, pero en armonía.

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