Tribuna

José Torrente / Diputado Provincial Del PP

Proyecto hombre, proyecto de vida

CUANDO se trata de abordar las "fugas de agua" que presenta este barco de la vida, es imprescindible alertar sobre el daño que las drogas y otras adicciones severas hacen en nuestros jóvenes y menos jóvenes, para establecer unos diagnósticos rigurosos, con planteamientos verídicos, que faciliten la receta adecuada para intentar acabar con el cáncer social que representan el problema de las diversas toxicomanías.

En la sociedad, es habitual contemplar los problemas con una sordera ciega (pues sordos y ciegos parecemos ante las evidencias cotidianas), ajena a preocupaciones colectivas e individuales, sobre todo si las adicciones de que se trate, no afectan a los de uno, pensando en que ese es un problema de otros, más que en que algún día uno pueda ser el perjudicado, si no lo está ya.

Dejar crecer la llama solidaria de la cooperación social, implica huir de la retórica barata, y acometer ese compromiso de varias maneras, entre las que destaco dos: arremangándose y echando una mano en el mismo tajo, y otra, con un apoyo intelectual y social, para que, si uno no es valiente por sí mismo para afrontar la solución de ese problema, al menos colabore con aquellos que están dispuestos a coordinar y cooperar con dotación humana y material (a veces muy escasa pero altamente ilusionada) en la abolición de ese foco de marginación y desestructuración familiar y social que representa el mundo de las toxicomanías.

La sociedad, si no es capaz de articular solidaridad homogéneamente, al menos debería de manifestar apoyo, siquiera sea moral, a quienes si están dispuestos a practicarla, desde Organizaciones No Gubernamentales como Proyecto Hombre, encauzando las terapias idóneas, con el tratamiento profesional adecuado y la propia colaboración de ex adictos, que ayuden a la reinserción en su mundo familiar, laboral y social cotidiano; es decir, devolverlos a la situación previa al ingreso en ese infierno.

A Proyecto Hombre, ni le faltan los proyectos, ni le faltan las ganas, pero sí le falta un poco más de comprensión social sobre su actividad cotidiana, sobre su labor inmensa en pos de la recuperación del joven adicto, y le falta comprensión social para que dejemos de considerar su actividad como marginal, o para apestados de la droga, y consecuente e insolidariamente, construir un conflicto social por sus actividades que, por ejemplo, ni siquiera permita que instalen un centro terapéutico en el barrio de uno, aunque allí hayan ayudado al hermano, o al primo, o incluso a la esposa o esposo, a superar su adicción.

Es de hipócritas agradecer el trabajo de inserción con un familiar directo en privado, y no hacerlo delante de la comunidad de vecinos, apoyando la implantación de su red de centros sin apelar a miedos previos, ni a complejos temerarios e infundados. Gritar en público "en mi barrio no", no es defender a Proyecto Hombre y su proyecto de vida, que es más necesario hoy que mañana, porque la prevención, también forma parte de su credo. Y del mío.

Esos centros no son dispensarios de metadona, ni dispensarios de droga fácil para aliviar ningún "mono", sino que están construidos bajo la razón de la asistencia social, de la terapia sicológica y ocupacional, comprometidos en la tarea de constituir grupos de ayuda mutua, para llevar adelante el proyecto de integración social de los ex adictos, y en definitiva, de establecer un proyecto de vida para el futuro de los hombres y mujeres víctimas de la adicción a drogas, alcohol, juego, etc.

Llevar adelante un trabajo como el de Proyecto Hombre conlleva un sinfín de problemas financieros y de viabilidad técnica, que los profesionales, la Iglesia Católica y un sinfín de fuerzas políticas y sociales de todos los ámbitos ideológicos y empresariales, en Granada, se preocupan de resolver adecuadamente. Por eso, no les hagamos su altruista tarea más difícil aún. Su misión es a favor de la sociedad, nunca en contra. Su trabajo es un bien colectivo. Conozcámosles mejor y ayudémosles siempre.

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