Festival hoy

Gonzalo Roldán Herencia

Reflejos

BAJO la tamizada luz del sol un piano solitario se refleja en la alberca central del Patio de los Arrayanes. El suave murmullo de la fuente que encabeza la perspectiva geométrica del entorno hace cimbrear levemente la imagen reflejada, recreación fantástica de la realidad superior. En esta atmósfera de quietud el alma se serena y se abre a la percepción sublime de la armonía: la del espacio en sí, y la de la música que en unas horas será la protagonista de la velada. Hasta entonces, el solitario instrumento aguardará, sumiso y paciente, la llegada de las manos blancas que sabrán arrancarle toda su fuerza y pasión.

Esta onírica postal bien podría ser la que se encontrasen hoy los visitantes de la Alhambra, que esta noche acogerá al pianista Luis Fernando Pérez para ofrecer la integral de la Suite Iberia de Isaac Albéniz. La presencia del piano en el Festival ha sido un lugar común de las ediciones precedentes. El instrumento rey, como fue considerado durante el siglo XIX, se ha ganado un puesto de honor en su historia de la mano de grandes nombres de la historia pianística. Son muchos los genios del piano que han visitado el Festival de Granada desde que Aldo Ciccolini inaugurara el Patio de los Arrayanes como espacio escénico en 1953.

Hoy le llega el turno a Luis Fernando Pérez, que tendrá que dejar alto el pabellón. En esta ocasión no se trata de una figura consagrada, sino de un joven talento que, desde Madrid, ha roto moldes y se pregona ya como la gran revelación del piano en el siglo XXI. De aspecto humilde y campechano, su estilo encierra una fuerza natural que emana de la concienzuda comprensión del repertorio. Su grabación de Iberia ha sido elogiada por la crítica como una de las más fieles al espíritu del compositor, comprometida al máximo con la expresividad y fiel al mismo tiempo a la partitura. Dentro de unas horas, cuando las manos de Luis Fernando Pérez acometan Evocación, primera pieza del primer cuaderno de Iberia, ni la bella luna casi llena que se asome desde Comares, ni el murmullo de las fuentes cantarinas, tendrán importancia, pues estaremos contemplando la música en su más pura esencia.

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