Los nuevos tiempos

César Requeséns

crequesens@gmail.com

Réquiem por 'El Lisboa'

Sitios así no eran sólo negocios sino cultura viva de la ciudad que entra de nuevo en el letargo que arrastra por siglos

Hay lugares que te marcan la biografía íntima que escribes con tu ciudad. Espacios donde te daban el título de cliente-amigo de vesino con que te ponían el café bueno-bueno solo doble con vasito de agua, sonrisa y algún comentario sobre cómo iba el turismo, que por Plaza Nueva era un tomarle el pulso a la vida de una ciudad que entra en coma inducido.

Pero un día te encuentras con que han cerrado 'El Lisboa', el café de aquella esquina y entonces certificas que este moribundo de ciudad insalubre está muy malito. Porque sitios así no eran sólo negocios sino cultura viva de la ciudad que entra de nuevo en el letargo que arrastra por siglos.

Los chicos que lo atendían eran baristas de fuste, expertos en dibujar corazones con la espuma de la leche de los cafelitos. Allí quedabas en el apresurado trajín diario para arreglar un asunto o para retomar afectos que a lo largo de décadas fuiste dejando y recordando luego para nunca perderlos nunca.

Era un punto para otear el trajín de la plaza, para sentarte en su terraza y encontrarte a los irreductibles del Albaicín tan querido; con taburetes de madera antigua desde los que ordenabas tus pensamientos para escribir el artículo o el relato...

Este virus se llevó a los muertos sin ceremonias y los negocios sin gloria alguna. Todo pasa a ser binario y virtual, como si las vivencias pudieran borrarse con un intro, como te deniegan los créditos las aplicaciones de riesgo de los bancos que dejan desiertas las oficinas. Es todo ya tan frío.

Esa esquina de Plaza Nueva pierde esencia granadina. A pocos le importa eso ya, afanados en la codicia de ceros mientras que se devalúa el producto al perder sabor local sus rincones y arraigo sus vecinos. Sé que fue un lisboeta quien abrió allí el café incluso con pensión y todo y que, tal vez, esperemos, se reabrirá como traspaso pero puede, me temo, que sea como ese Suizo que degeneró en Burger o así.

Toca buscar rincón para reposar el cuerpo y el espíritu entre las voces de los camareros y donde oler a café bien servido. Es necesario encontrarlo para arroparse en las pausas que den estos tiempos nuevos, crueles de tan reales, pero ya no tendrán ese sueño lisboeta tapizado de espejos y en pleno corazón de la Granada donde abrigabas la ilusión de que todo esto aún tenía algún sentido.

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