La ciudad invisible

César Requeséns

crequesens@gmail.com

Revolución a oscuras

Es increíble que aún algunos apoyen el régimen terminal de Maduro, que ya solo tose y da zarpazos

La revolución bolivariana ha acabado por dejar a un país entero a oscuras. Literalmente. Un apagón eléctrico total y durante días en la capital que aún continúa en amplias zonas del país. La metáfora es ya real y ha pasado de lo ideológico a lo tangible, con un país que regresa a las velas para iluminarse y la leña para calentar la comida tan escasa entre una población al borde del colapso y saliendo del país en estampida.

Mientras tanto, el régimen copia ese vivir en una realidad paralela que tanto se lleva en los totalitarismos de izquierdas, léase la antigua URSS o la actual Corea del Norte, o Cuba aún, es decir, ese aquí no pasa nada porque no debe pasar nada y todo está estupendo aunque nos muramos de hambre que quiere imponer un establishment dictatorial convertido, a base de prebendas y blindajes legales, en la verdadera oligarquía que quisieron combatir cuando se levantaron contra los oligarcas de siempre.

Todo tan manido y repetitivo que suena a años sesenta o setenta, con ese enemigo común yanki al que se dirigen todos los discursos institucionales que solo escuchan los ya convencidos. El resto, o está preparando las maletas o apoyando al nuevo presidente, Guaidó, un joven temerario que se juega la vida dando un paso al frente para que las cosas cambien.

Se escuchó mucho a los podemonguers hablar sobre el tema hasta que ya incluso ellos se sonrojaban a la vista del despropósito que un tal Maduro ha ido montando, personaje indefendible y acorralado que vio el filón por explotar del mito bolivariano original, Hugo Chávez.

Es increíble que aún algunos apoyen a ese régimen terminal que ya solo tose y da zarpazos. Los hay, pero son tan patéticos como aquellos a quienes defienden, léase ese actor-polemista apodado Willy To-lerdo sin más oficio ni beneficio que tocar las narices de todos o gente de semejante calaña, junto con algún etarra nostálgico de sus tiempos de orgías de sangre o algún indepe sin norte. Vergonzoso.

Todos deseamos y auguramos la pronta caída de esa pantomima vestida de rojo a la que se le opuso todo un pueblo deseoso de salir de esta nueva dictadura del hambre y el sinsentido. Esperemos que sean breves antes de que se les muera más gente, que un país lleno de muertos ya no puedo ni siquiera elegir nada, dejando a un país entero sin más opción que la mafia post-Chávez.

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