Los nuevos tiempos

César Requeséns

crequesens@gmail.com

Revolucionarios de cubata

Enfadados porque la realidad difiere de los anuncios de la tele y ya no hay Punta Cana donde refugiarse

La protesta se redujo a ese mensaje de "déjenme acabarme la copa que aún es pronto para volver a casa". Y así, unidos en fraternal comandilla, con sus zapatillas de marca y sus pantalones de pitillo de Españolo, se lanzaban cual 'rebeldes del cubata' (surgió la etiqueta y les cuadra) a tomar una porción de calle Ganivet de madrugada para reivindicar su inalienable derecho a la farra. Les puedes quitar las pensiones futuras, el derecho a luchar por la digna vivienda o a un curro con contrato decente, pero no les toques su cubata. Han conseguido lobotomizarnos a paletadas de Netflix e Insta pero ya sólo les saca de casa un temido cierre del pub de moda.

No es así todo, afortunadamente, pero abunda y resaltaba más en mitad de la que está cayendo. Cuando se desacraliza hasta el aliento vital y la libertad se reduce a un paupérrimo elegir dónde comprar los trapitos que te identifican, queda esto: una ridícula manifestación de borrachera al filo de la madrugada mientras comienzan a saturarse las UVI de toda España. Y luego el confinamiento para todos. Y además aquellos otros escalando la pared del Colegio Mayor. Y qué risa, oye, que mira tú qué pillos somos, jijí jajá. Patético este conspirar con banda sonora de Taburete mientras mandan WhatsApps incendiarios al resto de la peña. Venga ya este ser agitador de barra con la gente muriendo mientras que hay jóvenes dejándose los ojos para sacar Medicina o Caminos, pintando como posesos en Bellas Artes o esforzándose de veras por mantener las becas.

En la tele salían cantando, manifestando así al mundo vía video subido a las redes su descontento con lo que los 'mayores' (ellos ya lo son) les 'imponen' la tiranía de un sentido común y una conciencia de colectividad que les resbala. Deje usted que me rebose de virus y que lo transmita en el próximo botellón, oiga, que uno es muy libre y si se mueren los viejos pues por algo será, este podría ser el sublime mensaje. Generación blandita les llaman, ahíta de derechos más que de novedades, enfadados porque la realidad difiere de los anuncios de la tele y ya no hay Punta Cana donde refugiarse.

Daban la nota estos cachorros de la pataleta del barrio de Salamanca, fans de la díscola de Chamberí, musa virginal enmarcada en la Pizza Hut traída a un euro mísero y a la carrera con garantía de que ni para comprar haya que salir ya de casa.

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