Los nuevos tiempos

César Requeséns

crequesens@gmail.com

Reyes sin magia ni gracia

Sólo siendo personas símbolo tiene sentido un rey a estas alturas. Reina pero no gobierna. Encarna

Vivir siendo símbolo desde la cuna nunca me pareció deseable. Menos aún, estar vigilado desde que naces sabiendo cual será el guión de tu vida hasta que te mueras. Humanamente es un contrasentido siendo cada hombre un libro en blanco por rellenar con tinta de sangre en la que uno mismo es autor y lector. De ahí la excepción antinatural que significa esta monarquía que nos dimos.

Sólo siendo personas símbolo tiene sentido un rey a estas alturas. Reina pero no gobierna. Encarna. Y esa actuación debe ser tan perfecta que debe preservar cierto halo de encantamiento y veneración que, luego, como se va viendo, la persona se resiente de vicios ocultos que los mismos medios serviles se encargaron de ocultar en España, caso del emérito Juan Carlos, hasta que no quedó otra que airear los asuntos de las Corinas y las comisiones porque o se hacía o caía la institución misma. Una vergüenza para todos, más aún para la sufrida reina Sofía.

Se optó por vulgarizar lo regio y perdió su magia. Difícilmente se iguala lo que es pura diferencia en virtud de la sangre. Mala estrategia. De hecho, Letizia fue otro clavo más en la caja de muerto del invento monárquico. Divorciada, republicana, abortista y atea confesa, su plegarse sacando uñas a un papel demasiado ficticio la ha convertido en la reina antipática que es a la que no aceptan ni realeza, ni nobleza ni el pueblo del que nunca se sintió tampoco parte siendo esa mujer ambiciosa y con pocos escrúpulos, según se ha visto.

Tanta error dejó maltrecha una institución clave para darnos estabilidad y continuidad desde que murió el dictador que la instauró. Venía marcada si desde el arranque, pero aceptamos para no devorarnos más, como mal menor.

Ahora, los republicanos piden el referéndum que no se hizo nunca. Es lo ideal. Sería la salvación monárquica este baño de masas para la historia. Al padre le puso Franco, pero a Felipe sólo el ADN, y eso ya no basta. Si quiere ganarse el puesto debería pedirlo él mismo, y dejarle el trono limpio de dudas a Leonor, esa niña que, ella si, podría encarnar la sociedad moderna y democrática que ya somos.

Algo tienen que hacer aparte de no mojarse en casi nada. Ser símbolo es lo que tiene: te aman o te odian por lo que eres. De ahí que haga falta ser listos en esta sociedad donde el honor se compra o se hunde con un hastag en las redes.

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