Crónica Levantisca

J. M. Marqués Perales

jmmarques@diariodecadiz.com

Con Rivera, sí

Si PSOE y Ciudadanos sumasen, se acabaría el vasallaje con PNV y ERC. ¿No es eso Ciudadanos?

La política española se rige desde 2015 por una ley fundamental: la estrategia electoral de los partidos. Poco más hay. La irrupción de uno, dos y tres nuevos partidos puso en una alerta a los tradicionales, y el conjunto entró en una competitividad extrema por la supervivencia. El último giro de Pablo Casado es un reposicionamiento ultrarápido ante un error estratégico. No es tan raro. Pablo Iglesias cambia de modo constante, a veces hasta de carácter, y Ciudadanos comenzó siendo socialdemócrata, después liberal y, ahora, de derechas. Es inevitable recurrir a Groucho Marx como fuente de autoridad: estos son mis principios, pero si lo desea, tengo otros.

La estrategia electoral ha sido siempre un componente básico de la política, pero la repetición de elecciones en 2015, 2016 y 2019 la ha convertido en la fuerza de la gravedad del sistema. Hay tantas elecciones generales como presupuestos del Estado, cada cita con las urnas se vive de modo agónico y los pactos posteriores, si los hubiese, como el prólogo de la siguiente salida.

En menos de un mes hay nuevas elecciones, son municipales y autonómicas, pero se plantean como una segunda vuelta del 28 de abril. Por tanto, olvídense de cualquier atisbo de acuerdo hasta el 26 de mayo, lo que están viviendo es como si no existiese. Sólo se están tomando posiciones para el día de las elecciones locales.

Sin la perturbación de las urnas, Ciudadanos tendría que plantearse cómo entrar en el Gobierno de Pedro Sánchez. Sus críticas a la inconstitucionalidad del PSOE se basan en una patraña que, en cualquier caso, podría conjurarse si Cs se ofreciese a ser el aliado principal de los socialistas en esta legislatura. Si el nuevo Gobierno sumase esos 190 escaños, se acabaría la relación de dependencia del PSOE respecto al PNV y a ERC, también a Unidos Podemos. ¿No es ésa la columna vertebral de la existencia de Ciudadanos? ¿Romper el vasallaje hacia los nacionalistas y populismo?

Pero Albert Rivera considera que debe quedarse fuera para liderar la oposición; es decir, que su objetivo es achicharrar cuanto pueda al PSOE y al PP para, llegadas las elecciones siguientes, convertirse en la primera fuerza electoral. ¿Eso es todo? ¿Y España? ¿Y la educación y la economía? ¿Y Cataluña? ¡Ah!, se supone que todo eso puede esperar. Un aviso, en su propia clave: si hay algo que no perdona el elector es que, pudiendo gobernar, se impida el gobierno o se fomente el mal gobierno.

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