La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

Rocío: vida o Gloria

Quien quiera saber qué es el Rocío que vaya a Almonte cualquier día de cualquiera de estos nueve meses

Pasó el Rocío Chico. Pasó la procesión por la aldea. Pasó el cubrimiento del rostro y la puesta del guardapolvo. Pasó la ida de la Virgen dejando la aldea como cuerpo sin alma. Pasó el viaje nocturno, la imagen más poderosa que conozco de Israel llevando el Arca de la Alianza. Pasó el descubrimiento del rostro en el templete del Alto del Molinillo. Pasó la estampa única de las abuelas almonteñas llevando los atributos de su Virgen, que ellas son las dueñas -en el sentido más antiguo de la palabra: cuidadoras de las casas principales- de esta Señora. Pasó la procesión por las calles de la villa sobre la que ejerce su patronazgo. Pasó el traslado que se viene produciendo irregularmente al menos desde 1607 y regularmente -los famosos cada siete años- desde 1949. Pasó todo y al filo del mediodía quedó la Virgen, no en su casa, que todo Almonte lo es, sino en su estancia privada que es la parroquia de la Asunción.

Ya vive la Virgen del Rocío entre los más suyos. Nadie se enfade, que si es la Patrona no nombrada pero sí reconocida de Andalucía, si su devoción excede los límites de nuestra región y si desde la Primera y Más Antigua Hermandad del Rocío de Villamanrique de la Condesa hasta la más reciente de las 124 filiales el culto constante y diario a la Virgen del Rocío se ha extendido por toda España, y son miles y miles quienes con todo derecho se consideran tan devotos, hermanos y romeros como el que más, la relación que los almonteños mantienen con Ella es especial.

Todos son hijos suyos, pero ellos son los que se quedan al cuidado de la Madre. Todos se encomiendan a Ella, pero sólo ellos la tienen por Patrona. La mayoría la comparten con otras devociones, pero sólo ellos la tienen por única devoción. Por eso tienen el privilegio de tenerla nueve meses con ellos sin dejarla un solo minuto sola. Quien quiera enterarse qué es el Rocío, vaya a Almonte a cualquier hora de cualquier día de cualquiera de estos nueve meses. Y vea.

¿Y dentro de siete años? Pues habrá quien vuelva a verla ir a Almonte y quien esté en su real presencia. Porque cuando andan Dios y su Madre por medio todas las historias acaban bien. Aquí no cabe la tontería del "donde quiera que esté". Sabemos con Quién y por Quién viven quienes ya no están entre nosotros. Vida o Gloria, no hay más alternativas. Por eso es tan honda y luminosamente alegre el Rocío y cuanto le rodea.

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