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El lanzador de cuchillos

Rubalcaba, dulce y malvado

Fue un político inteligente, brillante, amable y educado, pero cultivó también fama de intrigante y estratega sin alma

Hace unos años, cuando él era Secretario General del PSOE, quise traer al FOMAG a Alfredo Pérez Rubalcaba. Para ello contacté con Paco Cuenca, que llamó delante de mí a la vice Elena Valenciano y le trasladó mi interés en que su jefe participase como ponente en el foro que hoy todavía dirijo. Al final, la cosa no se concretó y Rubalcaba vino a Granada tiempo después, invitado por la Universidad, aunque finalmente no pudo pronunciar la conferencia prevista porque unos activistas del 15 M y de Stop Desahucios, utilizando la coacción en nombre de la sacrosanta libertad, le impidieron hablar. Silenciando a Rubalcaba, la turba vino a confirmar la tesis de Muñoz Molina de que en nuestro país se discute mucho de política, pero es extremadamente raro el contraste argumentado y civilizado de ideas en el que cada uno se expresa con libertad y está dispuesto a aceptar que el otro tenga una parte de razón.

Rubalcaba fue un político inteligente, brillante, amable y educado, pero cultivó también fama, -de la que parecía sentirse secretamente orgulloso- de intrigante y estratega sin alma. Por eso, y aunque él mismo se encargó de recordar que en España enterramos muy bien, no deja de resultar sorprendente que el fallecimiento de un político retirado -importante, pero subalterno-, que en su día fue odiado y temido por sus rivales, haya desatado un torrente emocional de intensidad similar al que generó la muerte del legendario presidente Suárez. En ese sentido, la última lección del profesor Rubalcaba -la penúltima fue precisamente volver a sus clases de Química con alumnos de los primeros cursos- la estamos recibiendo estos días. Como ha subrayado Eduardo Sotillos, otro miembro ilustre de las Senectudes Socialistas, su muerte ha servido para resaltar los aspectos menos encanallados de la política española: "El elogio del adversario y el homenaje espontáneo de los ciudadanos que han desfilado por la capilla ardiente" -ha escrito Sotillos en las redes sociales- "han recuperado ese espacio de convivencia social que es fundamento de la democracia".

En una entrevista para El País Semanal, Juanjo Millás le preguntó a APR: "¿Se puede ser ministro del Interior y buena persona?". Rubalcaba, lector de novela negra, contestó con una cita inexacta de Philip Marlowe: "A un detective que ahora no recuerdo le pregunta un cliente: ¿Cómo se puede ser malo y dulce a la vez? A lo que el detective responde: Si no fuera malo, estaría muerto, y si no fuera dulce, no podría vivir". Dulce y malvado, el autorretrato de un político controvertido al que ya estamos echando de menos.

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