El niño del rollo

Rueda bolas

Las bolas que ruedan por los casinos son más peligrosas que los balones que corren calle abajo.

El Granada se ha clasificado para las semifinales de la Copa. Habrá quien se sorprenda de que hable de ello: el único ente al que se atribuye más malafollá que a un granadino es a un granadino que es, además, profesor de filosofía. Por tanto, si un profesor de filosofía granadino habla de fútbol, no será -se supone- para alegrarse de la victoria del equipo de su ciudad, sino para denunciar la alienación de las masas, el pan-y-circo, etcétera. Pues miren: granadino soy como el que más, pero filósofo lo seré de pacotilla, porque me alegro, y mucho, del triunfo del Granada. Nuestra gente convive con el desempleo, la contaminación, la precariedad, los atascos y los cortes de luz, con Sebastián Pérez, con Nuestro Salvador y tantos otros problemas. Así que para una vez que puede alegrarse, no va venir un aguafiestas a decirle que no hay de qué. Ea pues, paisanas, paisanos, disfrutemos el triunfo sobre el Valencia. Ya vendrán días peores.

Dicho esto, un ruego: celebren los triunfos en otro sitio. Cuando el último ascenso vi a dos jóvenes encaramarse a la mojada y poco ergonómica cúspide de la Fuente de las Batallas y temí por su vida. Como falso cronista de la ciudad que soy, si hace falta me invento una historia apócrifa que encamine las masas a un lugar menos peligroso.

Digamos, por ejemplo, que antiguamente la juventud celebraba los triunfos del equipo corriendo tras unos balones que se soltaban por la calle Rueda Bolas, una empinada callejuela que baja desde Cuesta Beteta a Calle Elvira. De ahí vendría, claro, el nombre de la calle (mejor explicación no hay). La celebración, de paso, podría hacer del eje Elvira/Rueda Bolas una atracción para el turismo futbolero mundial, y la marca Rueda Bolas podría aparecer en las camisetas como patrocinadora del equipo.

Ahora en las camisetas del Granada aparece una página de póker online y algunos autobuses urbanos hacen publicidad de un casino. Pero las bolas que ruedan por los casinos son más peligrosas que los balones que corren calle abajo. El Granada debería cambiar de patrocinador y el gobierno debería prohibir que las casas de juego patrocinen equipos deportivos. Dirán ustedes que al final tenía que aparecer el filósofo malafollá que llevo dentro. Ya, pero es que ni los clubes ni los ayuntamientos ni los gobiernos deberían promover la ludopatía. Hay muchas personas que arruinan sus vidas por el juego. Eso sí tiene malafollá.

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