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La colmena

Magdalena Trillo

mtrillo@grupojoly.com

Saramago y Castril, ensayo de un despropósito

Asaramago siempre le gustó cultivar la polémica. Con sus opiniones a contracorriente, con sus declaraciones insobornables y con los personajes explosivos de sus novelas. Definió la Biblia como "un manual de malas costumbres", construyó todo un tratado de escepticismo en torno a Dios y cuestionó la esencia misma de la democracia: si el poder real al final siempre es el económico, ¿sirve de algo que nos sigamos engañando con el juego de los políticos?

Ya en la senectud dejó de ser un escritor casi proscrito y censurado -en Portugal le llegaron a pedir que renunciara a su nacionalidad lusa- para convertirse en un personaje de moda. Buscado y admirado. Para decir y hablar desde la "posteridad", como solía hacer Francisco Ayala, y para tener una segunda juventud. Fue entonces cuando Granada se cruzó en su camino. De la mano de Pilar del Río, con el idílico paisaje de Castril de fondo -localidad natal de la periodista- y con todas las instituciones detrás. La Diputación lo nombró hijo adoptivo -el acto lo presidió en 2006 el entonces presidente José Luis Rodríguez Zapatero-, diez años más tarde sería Andalucía quien distinguiera al escritor portugués y, en ese transcurso de tiempo, se pusieron los cimientos de su arboleda perdida, del Festival Siete Soles, Siete Lunas y de la fundación que lleva su nombre.

Lanzarote, Lisboa y Granada quedarían enlazadas en el mapa vital del Nobel de Literatura a golpe de homenajes y de reconocimientos. Y con boda incluida. Aunque llevaban más de veinte años juntos, se habían casado de forma discreta en la capital portuguesa, decidieron formalizar su unión en España con una pequeña ceremonia en Castril. El entonces alcalde, Juan Mar, hizo de anfitrión y una amiga de la novia hilvanó su novelesca historia de amor desvelando que todo comenzó en 1986 cuando la periodista trabajaba en Sevilla, compró un ejemplar de Memorial del Convento y quedó impresionada por el coraje de la protagonista. Blimunda los unió, terminaría introduciendo el paisaje de Castril en su álbum personal y daría pie a otra historia en paralelo -aunque a la inversa- con Francisco Ayala: compartieron escenario como hijos predilecto y adoptivo de la provincia y consiguieron aunar a todas las administraciones para hacer perdurar y difundir su obra con la creación de una fundación de homenaje.

La del autor de 'El jardín de las delicias' tuvo uno comienzos tortuosos y complejos -no fue fácil aunar voluntades, y presupuesto, con el Ayuntamiento de Granada gobernado por Torres Hurtado (PP) y la Diputación por Martínez Caler (PSOE)- pero ya ha logrado consolidarse como una institución de referencia en la vida cultural de Granada y hasta mantener a raya a los políticos. Apoyando sin estorbar. No ha sido ninguna casualidad. Detrás está el esfuerzo, el acierto y hasta la mano izquierda de Rafael Juárez como primer responsable de la entidad -la dirección la lleva ahora con absoluta solvencia Manuel Gómez Ros- y la tremenda generosidad de la viuda del escritor, Carolyn Richmond, compensando los momentos de altibajos en el respaldo financiero de las instituciones a la Fundación.

La del autor de El Evangelio según Jesucristo ha seguido un camino en sentido contrario. Tanto la hemos maltratado que la hemos terminado perdiendo. En 2011, un año después de la muerte del escritor, Pilar del Río rompía con Granada: la "única" Fundación Saramago era "portuguesa" y nada tenía que ver con el Centro de Castril. Los políticos -con sus virtudes y sus miserias- prometieron primero para no cumplir después. El arquitecto Álvaro Siza iba a diseñar una gran sede para la Fundación -luego se hizo el encargo a Jorge Suso pero tampoco se llegó a ejecutar-, la Biblioteca José Saramago funciona ahora para la Escuela de Música y el Coro Rociero de la localidad y, a modo de enrevesado folletín, se acumulan los episodios del despropósito.

La crisis también puso piedras en las ruedas y la política, por supuesto, fue determinante con la llegada del PP a la Diputación y el cambio de gobierno en el municipio. A la trama se ha sumado la actuación del Juzgado de Primera Instancia de Huéscar. Primero se puso el foco en las facturas de la boda y luego a toda la gestión de los fondos públicos recibidos en la Fundación. Esta semana ha salido a la luz la supuesta existencia de 246 operaciones económicas "sin justificar" por un importe superior a los 270.000 euros, el "pago masivo de nóminas de 10 a 26 personas" justo un mes antes de que se celebraran las elecciones de mayo de 2011 y provocaran el cese del socialista Juan José López Ródenas (Juan Mar) como alcalde y gerente de la Fundación.

Pero, como en las provocadoras novelas de Saramago, hay distintos niveles de lectura y hasta de interpretación. En los juzgados se dirime una parte de la trama, la Guardia Civil seguirá las pesquisas que corresponda y los partidos ya construyen sus relatos en otra capa de la trama. A las puertas de una ola electoral, la batalla política es la más ruidosa pero no la única. Falta un ingrediente fundamental, el factor humano. En Castril todos conocen la tormentosa relación entre el actual alcalde, Miguel Pérez, y Juan Mar. Decenas de pleitos atestiguan hoy la pelea que se produjo hace años cuando el primero era guarda forestal y el segundo construyó un puente por donde no debía… Por eso desde allí las noticias no se leen como en Granada. Ni como en Lisboa. Para la Fundación Saramago, la de verdad, Castril aparece en blanco y negro. Entre los vecinos, el sentimiento mayoritario es el de hartazgo. Una continuación inesperada del Ensayo sobre la ceguera y el Ensayo sobre la lucidez a modo de trilogía. Ahora del despropósito y con un incierto final.

Y es que, por mucho que perjudique y manche el nombre de Saramago, no hay otro horizonte que esperar a que se pronuncie la justicie para conocer el alcance de la polémica. Para saber si Juan Mar montó un "chiringuito" en Castril siendo alcalde -se enfrenta a delitos de fraude, malversación de fondos públicos y prevaricación-, para conocer las auditorías externas que supuestamente certificaron en su día que todo se gestionó en el Centro Saramago con corrección, para descubrir hasta qué punto las relaciones, inquinas y debilidades humanas dan coherencia al guión...

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