La ciudad invisible

César Requeséns

crequesens@gmail.com

Secretos de la Granada Santa

Tres momentos me incitan al encuentro: el encierro de los Gitanos, la salida de las Chías y el remate en la Alhambra

Me preguntan en la radio por los momentos que prefiero de la Semana Santa granadina, esa gran escenificación sagrada que nos toma de figurantes voluntarios y satisfechos a todos los de por aquí. Dan por hecho que soy de procesiones y estos ritos y les aclaro que poco tirando a poquito, por panteísta y de espíritu más contemporáneo que el de los capillitas al uso. Ser católico no es sólo esto, pero no por eso dejo de disfrutar algunos instantes cumbre pero escogidos.

Si algo me gusta de esta semana en la ciudad es su parte más íntima y recóndita, en una celebración tan particular como la de aquí, nada que ver con la coral de tópicos de Sevilla o las traineras a hombros que vienen a ser las de la Málaga hermana. Cosas de buscarle el elixir a este tiempo de intimidad con lo importante de la vida (que, paradójicamente y por contraste, es confrontarse a la muerte) que por primavera es simplemente cuestión de respirar, mirar y sentirse vivos.

Y así, tres momentos me incitan a acudir al encuentro de esta parafernalia de capirotes, cirios y bullicio con pausas de patata asada y algunas tapillas. Cada año pienso que me voy de vacaciones pero las circunstancias siempre me retienen.

A pesar de las horas intempestivas, me encanta subir de madrugada a ver encerrar al Cristo de los Gitanos. Más por el desborde de emoción y rastrojos que queman los vecinos a su paso que por la belleza de los tronos (que también). Hermosa alborada entre cantos y jaleos con la Alhambra de fondo. Allí comprendo cada año mejor que querer entender la Semana Santa desde la razón es intento baldío y sólo permitirse sentir todo lo que se agita alrededor abre algo el entendimiento comprensivo.

Otro momento clave que no me pierdo año tras año es en la puerta del monasterio de San Jerónimo viendo salir las Chías, tan únicas como la ciudad que escucha sus bocinas que tocan a muerte Santa. Sólo se escuchan los pasos y el resoplar de las chías y algún niño que aún les dice "toca chía".

Y, claro está, el remate espectacular en la Alhambra. De celestial para arriba. Ahí se corona el festival de sensaciones que en siete días apabulla y serena.

Granada se detiene esta semana y está bien que por algo se pare el runrún de siempre. Mejor si es por ver el arte y la fe tomar las calles.

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