Están por todos los rincones del casco histórico. No hablamos de los turistas, pese a que quienes los manejan sí que son ellos, sino los segways. Tanto se ha extendido esta moda que allá por donde se pasea no es difícil ver uno. Suponen una alternativa limpia, rápida y efectiva a las duras cuestas que dan acceso a barrios como el Albaicín, el Sacromonte o incluso el Realejo. Las dos ruedas han llegado a Granada para quedarse y la prueba es esta imagen capturada en el entorno más idílico y protegido posible. Pero cuidado, por la calle también van peatones.

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