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Luis Chacón

luisgchaconmartin@gmail.com

Sentido común

En cualquier democracia europea, la coalición lógica sería PSOE-Ciudadanos desde la misma noche electoral

El señor Iglesias se ve ministro. Ni él mismo sabe de qué, ni para aplicar qué programa. Tampoco nos aclara si tuvo una visión mística, si fueron las cartas del tarot o simplemente leyó su horóscopo en algún periódico y fue su inteligencia superior la que dedujo que "el futuro te reserva grandes sorpresas" era un mensaje oculto para todos excepto para el elegido. Él, que es de natural humilde, se limitó a contestar al entrevistador que su nombramiento era de "sentido común".

Si el sentido común es la capacidad atribuida a los seres humanos que permite analizar las situaciones de forma razonable buscando soluciones lógicas y válidas, el señor Iglesias no sería ministro. La razón es clara. En un sistema parlamentario, la formación del gobierno se basa en obtener la confianza de la cámara y disponer de una mayoría suficiente que permita gobernar durante el mayor período de tiempo posible dentro de las limitaciones constitucionales. Una mayoría es más sólida cuanto más refleja la realidad social del país y a su vez, cuanto menor es el número de partidos que la componen. En cualquier democracia europea acostumbrada a la fragmentación del voto y a los parlamentos multipartidistas, la coalición lógica sería evidente desde la misma noche electoral: un gobierno PSOE-Ciudadanos. Sería la solución elegante, en el concepto matemático del término, ya que es simple, eficaz y constructiva. Ambos partidos comparten límites ideológicos y suman 180 diputados; mayoría más que suficiente para pactar un acuerdo de gobierno que en 2015 alcanzaron con 50 escaños menos. Pero nuestra historia política nunca se ha caracterizado por aplicar el sentido común -en España, el menos común de los sentidos-, ni por buscar soluciones elegantes pudiendo encontrar otras difíciles, complejas y alambicadas. Somos así. Pesados y cansinos. Y, sobre todo, muy de los nuestros. Hoy son las tres derechas frente a los progresistas como antes fuimos de Joselito o de Belmonte y siempre de tortilla de patatas con cebolla o sin cebolla y sabiendo que el de enfrente nunca acierta. Ni acertará.

En fin, que no me resisto a recordarles la frase que don Estanislao Figueras, presidente de la I República, lanzó a su gobierno después de la enésima e improductiva reunión de aquellos caballeros incapaces de llegar a ningún acuerdo y antes de salir pitando a Francia en un tren: "Señores, estoy hasta los cojones de todos nosotros".

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