Rosa de los vientos

Pilar Bensusan

bensusan@ugr.es

A Sevilla y se nota...

Si Granada sigue como hasta ahora que no lloren después quienes se callan y nada hacen por nuestra tierra

Me levanto el pasado domingo con la previsible noticia de que Andalucía ha vuelto al grupo de las regiones más pobres de la Unión Europea, al nivel de las más pobres del sur de Grecia e Italia. ¿Y hay quien se sorprende? Lo extraño es que hayamos salido de ese club en algún momento desde que España entrara en la UE en 1986.

Y muchos nos preguntamos ¿dónde están los 102.000 millones de euros que Europa ha dado a Andalucía? ¿Dónde están las infraestructuras de primera, las inversiones industriales, el tejido empresarial o el empleo? Desde luego que en Granada no, y está claro que en otras muchas provincias de esta Comunidad tampoco.

La Junta del régimen cuarentón sabrá qué ha pasado con esa friolera de millones, pero, por muchas excusas que se inventen, es evidente que la mayoría ha ido a parar a Sevilla y se nota…

Niquelada de arriba abajo, remozada, rehabilitada, con infraestructuras punteras. El crecimiento, la prosperidad y el desarrollo se palpan en Sevilla, mientras que en Granada las infraestructuras, el progreso económico o las inversiones continuadas en el tiempo y en el espacio brillan por su ausencia.

Y es que la concesión de 102.000 millones de fondos europeos ha sido estéril en conjunto, o sea, que el resultado es igual que si no nos hubieran dado ni un euro, porque las demás provincias -menos Málaga, que casi ha ido por libre y a la vista está su progreso- seguimos en el mismo furgón de cola que en 1986.

Ello no puede ser más que por una razón, porque tanto dinero no se volatiliza. Porque el régimen -con el gobierno de peor calidad de España según la Comisión- se lo ha gastado todo en tres frentes vitales para quien quiere agarrarse al poder hasta la eternidad: primero, en su Sevilla, escaparate ante el mundo del "progreso" y la "modernidad" de su autonomía. Segundo, en concederles el paro a parados que no lo están, asegurándose así sus votos sine die. Y tercero, en sobredimensionar el aparato del régimen, esa Administración autonómica, inepta, ineficaz, clientelar y parental, que asegura más aún sus futuros sillones.

Si Granada sigue como hasta ahora, manteniendo una posición débil y cobarde ante nuestra postergación y evidente pobreza, declarada ya hasta por la UE, que no lloren después quienes se callan y nada hacen por nuestra tierra, sean políticos o no. Con elecciones a la vuelta de la esquina, es el momento de que los ciudadanos actuemos para sacar a Granada de esta situación y llevarla al lugar que le corresponde.

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