EL pasado domingo un atentado particularmente miserable (se llevó a cabo en un parque infantil atestado de niños) en Lahore, Pakistán, causó 72 muertos. Dos días antes el primer ministro belga anunciaba que su país enviaría cazas F-16 a bombardear las zonas de Siria ocupadas por el Daesh. Era la reacción del gobierno belga ante los atentados en su capital. Ni los propios belgas ni ningún mandatario europeo se ha planteado el número de víctimas inocentes que provocará su decisión, ni si es justo responder con bombardeos a los ataques terroristas. Bélgica, que hasta hace muy poco sido tradicionalmente reticente a extraditar a otros países, incluidos sus socios europeos, a los acusados de terrorismo, cultivando su fama de territorio de refugiados, ha reaccionado de la forma más torpe y primitiva, como hizo hace unos meses su vecina Francia, y años antes los EEUU de Bush, declarando la guerra no se sabe muy bien a quién, y sacando el ejército a la calle.

Es ese justamente el camino más rápido para convertir en vencedores a los terroristas, a los fanáticos, cuyo principal argumento es el miedo y la sinrazón. La primera consecuencia de ceder a ese miedo que quieren inocular es, precisamente, la de acabar con la normalidad, recortar nuestros derechos y militarizar nuestra vida cotidiana. En este asunto -y creo no ser sospechoso de españolismo- deberían consultar con los expertos españoles, tanto en seguridad como en táctica política para combatir el terrorismo. ¿Alguien en su sano juicio piensa que ETA estaría hoy disuelta y sin ningún apoyo social si cada vez que hacía estallar un coche bomba en Madrid el Ejército del Aire hubiera bombardeado Ondarroa o Hernani?

El problema es la ausencia de una estrategia común europea, la inexistencia de una política exterior y de defensa unificada. Hubo un tiempo, cuando las opiniones públicas de los países miembros eran mucho más favorables, en que se pudo avanzar por ese camino. Actualmente es altamente improbable. La apropiación de la UE por parte de los tecnócratas ultra liberales, la imposición de la austeridad desde Alemania y la proliferación en muchos países de una ultra derecha racista, insolidaria e intolerante, que contamina hasta las políticas de los dirigentes presuntamente de izquierdas, como ha demostrado estos días el cobarde de Hollande, está convirtiendo Europa en una tierra hostil para los derechos humanos. La ignominia que estamos cometiendo con los refugiados sirios que huyen de las mismas bombas que nos matan a nosotros es la prueba. Y esa es la primera victoria del terrorismo.

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