Mirar Granada

Sube el IBI: toca pagar

Costear el estado de bienestar debe hacerlo toda la ciudadanía, pero claro: no toda en igual medida

El estado de bienestar no es una fruta que creció espontáneamente en la rama de cualquier árbol. Hizo falta mucha historia para llegar hasta lo que ahora disfrutamos, historias de revueltas, de guerras, de mucho dolor y sufrimiento. Pero también de determinación y coraje.

Ahora, en plena posmodernidad, parece que sólo el mercado nos hubiera traído hasta aquí. Y quienes defienden el mercado por encima de todo (o sea: el liberalismo económico por encima de todo) quieren convencernos de que los impuestos son un castigo que los estados infringen a sus ciudadanos, equiparándolos a los diezmos o a las limosnas, cuando en realidad los impuestos son la manera razonable de repartir los costos que ese estado del bienestar requiere.

¿Alguien ha olvidado la magnífica campaña publicitaria del año 1978 en la que se afirmaba "Hacienda somos todos"? Pues eso: costear el estado de bienestar debe hacerlo toda la ciudadanía, pero claro: no toda en igual medida. El aforismo del socialismo utópico sigue siendo válido: de cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades.

Y aquí estamos, en la Granada del siglo XXI, teniendo que repasar lecciones básicas de economía. ¿Es posible que se produzcan subidas impositivas con el criterio de "café para todos"? Lo es: en un pleno extraordinario celebrado el pasado 27 de noviembre se aprobó una subida lineal (es decir: sin criterios de proporcionalidad) del 3% en el impuesto del IBI para toda la ciudadanía granadina. ¿Es razonable, desde el punto de vista de la equidad social, ese reparto? ¿Podría ser más justo que paguen más quienes más tienen y menos las rentas más bajas? Podría. Pero no lo han considerado así los grupos políticos presentes en el ayuntamiento granadino. De hecho, la propuesta de subir ese 3% contó con los votos favorables de todos los grupos excepto el socialista.

Quizá la negativa del grupo socialista se sustenta en que, durante el periodo en que gobernaron en el ayuntamiento, cuando la situación de la economía municipal era tan dramática como ahora, este grupo realizó una propuesta que contemplaba: subir los tipos especiales de IBI a las empresas con mayor valor catastral y mayores ingresos y bajar un 4% de ese mismo impuesto a las familias y a las pequeñas empresas. Un criterio que, económicamente hablando, puede considerarse mucho más redistributivo. En aquel momento, la propuesta no contó con los respaldos suficientes para salir adelante.

Hablar de impuestos es siempre un tema polémico. Pero no deberíamos dejarnos engañar: no es de los impuestos de lo que deberíamos hablar, es de su justa distribución de lo que deberíamos discutir acaloradamente.

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