Mirada alrededor

Juan José Ruiz Molinero

jjruizmolinero@gmail.com

Tahúres políticos

En realidad estas exigencias, a cambio de apoyo parlamentario, pueden ser consideradas un chantaje

Tahúr del Mississipí calificó el histórico socialista Alfonso Guerra a su oponente político Adolfo Suárez. Hoy, lo de tahúres -jugadores, más o menos tramposos- se les puede aplicar a los que han empezado a barajar para conseguir que Sánchez pueda ser investido y deje de ser presidente en funciones, ante el insuficiente peso parlamentario que tiene, incluso con su socio Pablo Iglesias. Pero la partida más difícil de cartas marcadas es con ERC, para obtener la abstención del grupo que preside un encarcelado por sedición. Su representante, el inefable Gabriel Rufíán, se ha jactado de cómo han puesto o quitado gobiernos en España -la moción de censura quitó al de Rajoy y puso al de Sánchez- , afirmando, con desprecio hacia el candidato, que han logrado sentar a Sánchez a hablar de todo -independencia, amnistía, etc.- en vista de su debilidad política. Es lógico que a los históricos del PSOE les subleven esta humillación, expresada en un documento firmado por trescientas personalidades socialistas e independientes. En realidad, estas exigencias, a cambio de apoyo parlamentario, pueden ser consideradas un chantaje, admitido por quién tantas veces ha cambiado de principios -como Groucho Marx-con el único fin de obtener el poder.

No sería preocupante si no se pusiera sobre el tapete la integridad de España. Los socialistas catalanes, capitaneados por Iceta, ya han dicho que Cataluña es una nación y ha refrendado la peregrina idea del vicepresidente in pectore Pablo Iglesias que España es una nación de naciones, amén de defender la amnistía. Carmen Calvo también ha afirmado que el artículo VIII de la Constitución podría ser reformado para dar cabida a las aspiraciones nacionalistas. PNV y Bildu han abierto un nuevo frente soberanista, en pago al apoyo de investidura, que eliminaría el poder del Estado en la región, mientras el Parlament catalán ha desafiado al Constitucional aprobando el derecho de autodeterminación y la reprobación de la monarquía, que también detestan Iglesias y Garzón. El diálogo es normal, entre normales, pero no es éste el caso. Los españoles tenemos derecho a conocer las apuestas de esta partida de cartas, los envites, las concesiones y los chantajes porque afecta a nuestro futuro.

Por cierto lo de 'normales', aplicado a nuestra clase política, tenemos que extenderlo a su totalidad. Porque es anormal y vergonzoso que Vox haya indignado a la mayoría de españoles y españolas con su repugnante negación de la existencia de la violencia de género que ha causado en lo que va de año 52 mujeres asesinadas. Se puede ser de extrema derecha, pero no se puede alardear de inhumanidad, ante las víctimas, como ha hecho Ortega Smith, al que siguen otros representantes ultras en diversas instituciones.

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