La ciudad invisible

César Requeséns

crequesens@gmail.com

Trabajo dual

No hay sistema perfecto, pero sí que los hay desastrosos como es el caso de nuestro sistema educativo superior

Llegan a trabajar como analfabetos del oficio. Y las empresas se quejan de que no tienen siquiera hábitos laborales. Es la tremenda situación que comparten los estudiantes en prácticas y las empresas que en tantos casos los sufren. El escalón se hace casi insalvable entre jóvenes hiper/ultra/super formados y empresas que sólo tienen puestos libres de perfil bajo, en los que necesitan gente que resuelva en lugar de teóricos de las contrataciones, horas libres y el deber ser de las relaciones laborales. Frustración y prolongar la estancia en casa de papá hasta la indecente edad de 35 años o más incluso, con los papis ya jubiletas y preguntándose en qué fallaron. El fallo es estructural no particular, por si les tranquiliza a aquellos que soñaron con ver al niño graduado en Historia o en Ciencias Medioambientales colocado de reponedor o de camarero en cualquier terraza. Y desencantado, claro.

Con esto de los estudios, sobre todo los universitarios, España parece vivir en el siglo XIX y no en el XXI como ya están en Alemania o Francia donde tienen más que trillada la idea del ora et labora de leer, aprender y hacer, con unos sistemas de formación dual en los que teoría y práctica van a al alimón desde el primer día, y además cobrando.

No hay sistema perfecto, claro, pero sí que los hay desastrosos como es el caso de nuestro sistema educativo superior lleno de prejuicios y altanerías fútiles, desprecios varios en esa verticalidad asumida por todos entre el ser universitario y no serlo.

Sin embargo, la nueva sociedad que se anuncia, empieza a primar el oficio sobre la palabrería. Hay empresas en las que demasiados títulos académicos hacen desconfiar sobre las verdaderas capacidades laborales, el nivel de madurez personal o la polivalencia del candidato al trabajo. En un mundo competitivo en el que la creatividad se ha vuelto valor y potencia laboral, sacar demasiados sobresalientes puede ser indicio de falta de mundología y dificultades para desenvolverse en el mundo real.

No todos valen para estudiar tanto. Tampoco para retrasar la vida adulta más allá de la mampara universitaria. Y para ello, nada mejor que articular formas duales de que, mientras te lees un capítulo del manual de turno, sepas que mañana, a las ocho en punto, tienes que irte al curro para saber de qué va realmente el asunto.

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