Tractores en la ciudad

Si no se afrontan las causas del problema del campo, podríamos asistir a una debacle económica y social

Esta semana hemos asistido a la mayor manifestación de protesta convocada por los agricultores de Granada para pedir precios justos para sus productos; ha sido una movilización generalizada del campo granadino con un millar de tractores por las calles de la ciudad de Granada y miles de manifestantes. Ha sido una movilización coincidente con otras muchas que se están desarrollando en toda España y que son la expresión de un importante problema de fondo que merece atención y respeto.

Muchos son los factores que influyen en la problemática que expresan los agricultores y las organizaciones en las que se encuadran: la ordenación de la PAC (Política Agraria Común) de la UE, las diferentes condiciones de competitividad entre producciones tradicionales y otras modernas más tecnificadas, la competencia de nuestros productos con los del norte de Marruecos o los oligopolios de determinadas empresas de distribución que podrían estar imponiendo precios injustos e insuficientes para los agricultores, son algunos de los elementos condicionantes a tener en cuenta para entender el problema y el malestar.

La protesta del campo granadino, andaluz y español es un desafío de enorme envergadura en el tiempo actual porque, si no se afrontan las causas y los elementos condicionantes, podemos asistir a la desaparición de una forma de vida y de una fuente de nuestra economía que difícilmente puede tener alternativas en numerosos pueblos y ciudades de nuestra geografía. Podríamos asistir a una debacle económica y social de enorme magnitud.

Por otra parte, las soluciones que se aborden deberían incorporar un punto de racionalidad para evitar hacernos trampas en el solitario y no perder oportunidades de mejora y modernización del campo que permitan la adaptación de los procesos en sintonía con las nuevas tecnologías que pueden generar mayor valor añadido que las meras subvenciones.

Tenemos la oportunidad de ofrecer transparencia en el mercado en el que operan los oligopolios y exigirles responsabilidad social, al tiempo que incorporar medidas (incluso un régimen fiscal más justo) que les obliguen a un comportamiento comercial respetuoso con el campo. Ello requiere valentía e imaginación al tiempo que remangarse para que en el ámbito de la UE se entienda la trascendencia del problema, porque, de no ser así, es posible que Europa esté sembrando una desafección de enormes consecuencias.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios