La ciudad invisible

César Requeséns

crequesens@gmail.com

Traicionar y tracionarse

A los ciudadanos de a pie les importa un bledo convencerte y comparten cuando te explican los grandes temas políticos

Entre la autonomía y la independencia, en particulares y colectividades, hay un espacio amplio de lugares transitables que, si se rebasan, provocan roces o, directamente, ilegalidades. Tener claros los límites conviene tanto como saber la diferencia entre ser oportunista y oportuno, por ejemplo, incluso en Cataluña.

La confusión conduce al despropósito. El otro día un visitante al que le enseñaba las maravillas locales se me sinceró con inconfundible acento de la plana de Vich. "Los primeros sorprendidos con lo sucedido han sido los de Ciu. Les ha explotado entre las manos y ahora son prisioneros de sí mismos. Pero, si se hubiera hecho el referéndum, que habría salido que no a la independencia, ya estaría todo arreglado". Me encanta que los grandes temas políticos me los expliquen los ciudadanos de a pie. Comparten y les importa un bledo convencerte.

Contado así vi claro, en pleno descenso de la Alhambra que tanto aclara, que todo este rollo del prófugo y tanta gente en chirona por un montón de delitos, parte de pensar en simple y sin matices: Primero tienes la visión y luego piensas para argumentarla. Lo que niegue tu visión es malo. Lo que la afirme, bueno. Vas a los partidos dominicales y coreas las consignas que te suministran. Niegas el saludo a los que disienten. Te relacionas con los que asienten. Te sientes minoría y víctima de una confabulación en contra tuyo. El malo es el otro. Y lo flipas con tus butifarras, sardanas, lacitos amarillos que te dicen que te identifican. Tu mundo cuadra. Ya eres todo un indepe.

Esta Arcadia feliz se rompe cuando elaboras un poco el tema, cuando entiendes que vives de lo común pero te sientes al margen. Que miras por tu ombligo regionalista pero reclamas que te paguen la escolta de tu jefe. Vives en una contradicción mantenida por los presupuestos generales de un Estado 'opresor' que no reconoces pero que te sigue pagando pensiones y hospitales. Y, si viajas, hasta te das cuenta de la pequeñez de tu terruño frente al ancho mundo tan diverso y mezclado.

De ahí que vengan estupendos estos calores para dialogar y descubrir que traicionar es traicionarse si la propia identidad es la suma de muchas partes. Un poco lo que todos ya sabemos, de ahí que con paciencia suframos las limitaciones de este prójimo en vías de encontrarse.

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