La ciudad invisible

César Requeséns

crequesens@gmail.com

Transbordo de vías

Una estación nueva, pequeña y aún sin acabar, pero baluarte de estar al día, de ir con los tiempos y no a remolque

ávido de modernidad y alta velocidad, me decidí a ejercer de granadino feliz yendo en Metro a visitar la estación del AVE en su primer día de vida. Los provincianos somos así. Me recordaba a mi mismo de niño de provincias subiendo, como un maravillado granadino más aquellas primeras escaleras mecánicas de los almacenes Wolworth, esas que rompieron una y otra vez del peso de los miles de curiosos que venían de toda la provincia a ejercer de modernos, de madrileños casi, en unos grandes almacenes americanos, oiga, antes claro que aquella cadena cerrara por falta de ventas y llegaran los fantasmas que aterrorizaron el edificio de la Diputación de Mesones. Cosas de la cateta modernidad local.

Y ahí estaba hace pocas semanas este columnero saliendo del Metro en los paseíllos para dar unos pasos y hacer ese transbordo soñado de metro a AVE, disfrutando de ese lenguaje tan de metrópoli que lucía en los letreros.

Las puertas del Metro se abrieron y frente a mí una estación nueva se presentaba, pequeña y aún sin acabar, pero baluarte en definitiva de cierto aire de estar al día, de ir con los tiempos y no a remolque, para la ciudad.

Había colas y mucha improvisación, pero ahí estaba un gran tren nuevo conectado a un Metro que se expande confirmando que a errores no nos gana nadie al quitar aquel tranvía que ahora nos ha vuelto con nombre de Metropolitano.

Nada empañaba mi contento. Lo malo de la espera y la demostrada insuficiencia de nuestros políticos pasaba a la historia a sabiendas de que la ciudad cambiará pronto con el trasiego incesante de viajeros que ya tienen a Granada entre sus elegidas y que la psique profunda de Granada, si eso existiera, va dejando atrás la catetez cainita para tomar oxígeno allí donde está, lejos de esa belleza inmóvil que todo lo consume.

Habemus tren pues y conexión por tanto con lo que fluye, con esa espuma veloz que nos traerá el tren del paso implacable de los días que pronto se dejará sentir por la Gran Vía, aquella calle que se construyó para conectar el corazón antiguo de la ciudad con el tren del progreso que, en el siglo XIX y de nuevo en el XXI, nos conecta.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios