Transfugismo

El código carece de valor al no acompañarse de consecuencias sancionadoras por la adhesión impropia del tránsfuga

Define la RAE el transfuguismo político como la actitud y comportamiento de quien se convierte en tránsfuga. En realidad, el paso de un grupo político a otro distinto del que fue elegido en cualquiera de sus modalidades de adhesión ha sido un fenómeno preocupante aunque solo sea por su capacidad arrojadiza en el exclusivo marco del discurso y la acción política, En cualquier caso, es innegable su capacidad para desdibujar la relación de fuerzas políticas iniciales como resultado de la auténtica voluntad de los votantes.

En el fondo, el transfuguismo no deja de ser el resultado de la realidad social y política que hemos tejido. Tenemos muchos políticos, demasiados, con dedicación exclusiva que quedan definitivamente engrasados a la máquina del sistema, y cuyo único problema es, cada cuatrienio, someterse a la reválida electoral para la cual, entonces sí, debe disponer del respaldo de un partido que garantice mínima posibilidades de supervivencia.

En España el transfuguismo ha dado para un Pacto desde 1998 y hasta para una Comisión con dietas de asistencia y todo. En justificación de este código de conducta, sus dictámenes y revisiones, la última en Noviembre de 2020. Este es el arma propuesta como instrumento único y principal de análisis sobre posibles situaciones de transfuguismo y adopción de medidas y tironcillos de orejas que propone el Código. Lo que constato como realidad innegable, es que la razón de ser de esta comisión y la justificación de sus dietas acaece cuando aparece Filomena. Dícese de Filomena aquel movimiento entre bambalinas de tal violencia e inusitada fuerza que hace que los partidos políticos quiebren, entren en barrena, y que sus votantes los abandonen, defraudando las perspectivas de continuidad del electo bajo aquellas siglas. Es en ese preciso instante cuando sucede lo que comúnmente se conoce como buscarse las habichuelas. Y en esas estamos en todos los lugares y puntos de nuestra geografía… y en esas está ahora el pacto…

Por cierto. El 13 de junio pasado saltó por los aires a consecuencia del dictamen acerca de la "operación Murcia", y bajo denuncias por el PP de instrumentación política, utilización partidista y profundas, profundísimas, lagunas jurídicas. Permítanme reconocer que esto último también lo comparto. Pero desde el principio. Desde 1998. Y es que, como sucedería con cualquier otra propuesta normativa, este Código de conducta, carece de valor alguno al no acompañarse de consecuencias sancionadoras que anulen las consecuencias de la adhesión impropia realizada por el tránsfuga. El Pacto no propone más allá de consecuencias políticas (tener grupo propio y ser elegido para cargo parlamentario), y otras de mínimo contenido económico, insuficientes para el fin propuesto. No hay consecuencias civiles o administrativas (invalidez de los actos, decisiones o normativas aprobadas gracias a su concurso, etc.) Tampoco penales (inhabilitaciones). Estamos ante la más imperfecta de las normas. De ahí que me guste llamarla, no da para más, Código de conducta.

Dicho esto, y como quiera que, salvo vergüenza torera, la aplicación del código en nuestro municipio va a ser inexistente, o a lo sumo, nimia, reducida y sin valor más allá del uso político, les propongo lo que un servidor les anuncia: pónganse el bañador (mascarilla obligatoria a juego), y dispónganse este verano a sumirse en el más profundo de los descansos. Lo demás, olvídense. Una vez más, no merece la pena…

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