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El lanzador de cuchillos

Unidad

Que no nos pida además que le creamos, porque la credibilidad, como la virginidad, se pierde sólo una vez

Sánchez ha comprado la portada de los principales periódicos nacionales para pedir unidad en la lucha contra el coronavirus. La tendrá. Pero es curioso: cuando los problemas le explotan a la izquierda en el poder, criticar la gestión del ejecutivo se convierte automáticamente en un intolerable ejercicio de oportunismo político. Cuando es la derecha la que está al mando, ya saben: necesitamos un gobierno que no nos mienta, acoso a las sedes y todo el pack ranciprogre de agitación y propaganda. Lo del Prestige no fue un problema de todos, sino del PP; fue Aznar, y no los terroristas, quien puso las bombas en los trenes. Por no hablar de la sobreactuación ridícula durante la crisis del ébola -un solo afectado- de quien ahora reclama del adversario político solidaridad y altura de miras. Siempre ha sido así. Y siempre lo será. ¿Se imaginan esta movida, con más de 8.000 contagiados y casi 300 muertos -serán muchos más- en manos de Casado, Arrimadas y "la marquesa ultra"? El Rubalcaba de turno animaría a la gente a asomarse a los balcones, no para aplaudir al personal sanitario, sino para gritar "gobierno asesino". Pero Sánchez, lo decíamos antes, tendrá unidad -sus acólitos exigen adhesión inquebrantable-, a pesar de que su gestión de la crisis, hasta que la situación de emergencia nacional le ha obligado a coger de una vez el toro por los cuernos, ha sido irresponsable e ineficaz. El gobierno, que no la vio o no quiso verla venir, alentó, de manera insensata y movido por ciegos intereses ideológicos, la participación en las manifestaciones provirus del 8-M y se escondió detrás de los expertos para justificar su actuación. Expertos como Fernando Simón, médico otrora independiente y riguroso que, preguntado por las concentraciones feministas en la víspera de su celebración, se lavó las manos, contagiadas ya irremediablemente de servilismo monclovita: "Cada uno tiene que expresar sus ideas como considere; si mi hijo me pregunta si puede ir, le voy a decir que haga lo que quiera". Ni quito ni pongo rey, pero ayudo a mi señor. Dos semanas antes, Pedro Cavadas, el genio de la cirugía, ya nos había advertido del peligro. Le llamaron alarmista e ignorante y la chusma mediática del sanchismo-podemismo se rió en su cara. El sábado, otro Pedro, también doctor, pero mucho menos competente, compareció en televisión con la cara desencajada para pedir unidad. La tendrá, por supuesto. Pero que no nos pida además que le creamos, porque la credibilidad, como la virginidad, se pierde sólo una vez.

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