Quousque tamdem

Luis Chacón

luisgchaconmartin@gmail.com

Vacaciones de escaparate

Lo peor del postureo es que no conoce límite ni excepción. Como la estupidez no distingue sexo, ideología, clase o cargo público

Los súbditos de la reina de Inglaterra saben que está de vacaciones porque en Buckingham ondea la Union Jack y en el castillo de Balmoral se enarbola el Royal Standard. No hace tanto, el Telediario abría con la noticia de que los Reyes iniciaban sus vacaciones en Marivent o que el presidente del Gobierno iba a pasar unos días de asueto y descanso en tal o cual finca del Patrimonio Nacional. Y poco más hasta la vuelta. Todo se reducía a que las revistas del colorín -las que pasaron de glosar los ecos de sociedad a comprar bodas, divorcios y demás avatares personales- nos referían los exóticos viajes de la beautiful people allende los mares. Así que con no comprarlas…

Entre familiares, amigos, conocidos y saludados, siempre había algún pelma que se empecinaba en contarte sus increíbles vacaciones -nunca eran para tanto- y hasta paseaba con su hatillo de fotos que, con cierta habilidad social, despachabas con un puñado de suspiros e interjecciones, algún "precioso" o "maravilloso" y el siempre socorrido "¡vaya, vaya!". Los más crueles te invitaban a su casa y no cejaban hasta poner el vídeo del viaje y entonces, el corazón te daba un vuelco. Fijabas la vista en el mando a distancia. Sabías que la tecla de rebobinado era como el torno de un potro de tortura medieval. Te encomendabas a Dios y sólo esperabas que todo acabara pronto. Pero eran los menos. La mayoría de los plastas se limitaban a contarte una película que te resultaba familiar y que ahora, sorprendentemente, parecía basada en hechos reales.

Lo malo de las nuevas tecnologías es que han pertrechado al pelma. Su móvil es su Archivo de Simancas. No le falta foto, vídeo o catálogo con el que amargarte el desayuno; dos plantas en ascensor con uno de ellos se hacen más largas que subir a la Torre Eiffel y un trayecto en metro opaca la gesta de Elcano. Además, las redes sociales les dan patente de corso para no cejar en el empeño de contarnos su vida. Así que no paran. Te relatan sus vacaciones como si fueran la Guerra de Corea. Sin despreciar un detalle. Sin obviar un dato. Del desayuno a la cena, desde el orto hasta el ocaso. Lo peor del postureo es que no conoce límite ni excepción. Al igual que la estupidez, no distingue sexo, ideología, clase social o cargo público. Que también los hay. Y demasiados. Dicen que así se acercan al elector. En fin. Lo que yo me pregunto es: ¿disfrutan de las vacaciones o sólo las cuentan?

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