¡Vaya tropa!

Los que venían a remover las cosas, mantienen en el poder a los de siempre para salir más en la foto

Había que quitar a un presidente para convocar elecciones lo más pronto posible, pero eso fue antes de ser presidente. Lo que ayer era una clara rebelión, hoy ya no lo es y quizás mañana solo sea una falta menor a la que se le pueda conceder un indulto y quién sabe si hasta se considerará un mérito que contribuya a que tengamos una república. Presidida por quién sabe qué gran político que hará grandes a Aznar, a Rajoy, a Zapatero, a Torra, a Rufián o a cualquiera de los grandes próceres que los ciudadanos de este país, aún llamado Reino de España, tenemos que mantener pagando con el dinero de los impuestos que ellos mismos ponen y quitan cuando les viene a bien y en gana.

Tal como dijo un Marx, actor, tengo unos principios y si no les gustan, tengo otros. Y si no tengo nada nuevo que ofrecer me invento o resucito temas tan importantes como dónde está enterrado un dictador muerto hace cuarenta años o me escandalizo por un impuesto que durante casi veinticinco años a nadie de la clase política le había preocupado.

Los que decían venían a remover las cosas, en esta tierra que sigue estando en el culo de muchas cosas, lo primero que hicieron fue mantener en el poder a los de siempre para así salir más en la foto. Veremos qué cara ponen en la foto del próximo tres de diciembre. ¿Han tardado casi cuatro años anodinos de "susanismo" para darse cuenta de que en este recóndito extremo de Europa seguimos siendo el culo de muchas cosas? ¿Se necesitan otros mil días sin tren para que los próceres de esta ciudad se planten en Madrid, en Sevilla, en Estrasburgo, en Bruselas o en la Plaza de San Pedro y digan que hasta las narices de que nos ninguneen? ¿O acaso solo les importa estar sentados en los sillones de la Plaza del Carmen?

Cuando escucho los comentarios críticos sobre los presidentes de Estados Unidos, Brasil, Polonia o Hungría, todos ellos elegidos por votación popular, y contemplo a la tropa que nos gobierna en el reino de España, en la autonomía de Sevilla o en mi ciudad, también elegidos por procesos democráticos, no me queda más remedio que admitir que si en esos otros países el nivel de la clase política es el mismo que por estas tierras, el resultado no podría ser otro. Vale.

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