Los nuevos tiempos

César Requeséns

crequesens@gmail.com

Vodevil municipal

Los granadinos se arreglan solos en esta anarquía buscándose la vida mientras llegan los turistas

En esta semana de mascarillas indultadas escuchas hablar de todo menos de las preocupantes noticias que llegan del Ayuntamiento. No interesa el tema. Ni al taxista que te lleva a vacunarte, ni a la chica que tan amablemente te trae las tostadas y el café mañanero ni, por supuesto, a los amigos del gimnasio. Preocupante.

Porque tener en la Plaza del Carmen algo más parecido al Camarote de los hermanos Marx que a un equipo de concejales afanandose día a día por sacar a esta ciudad de su letargo post crisis es, cuando menos, alarmante. La incapacidad para dialogar, ceder, encontrar fórmulas de compromiso, dar con un líder con el expediente limpio y el carisma suficiente como para quitar al alcalde-que-ya-debía-ser-cesante es más que patente. Son un montón de siglas que dividen el poder entre las que no se encuentra el talento y la altura necesarias para hilar fino y atenuar tensiones. Triste.

Se veía venir. Tuve la mala suerte de ver un pleno municipal emitido por Internet hace semanas y allí, salvo el tiroteo entre la izquierda protestona-acomodada y la derecha vetusta-cañí, no se dijo nada de interés. Y ahora ya ni hay plenos. Con un alcalde encadenado a su sillón entonando un "No nos moverán" que no entiende nadie. Pero que nadie, oye. Ni el taxista, ni la camarera ni por supuesto los amigos del gim. Tanta incomprensión da que pensar: si nadie-nadie te entiende, puede ser que vivas en el error. Por dar enfoque.

La irrelevancia de los políticos cobra fuerza ante este sainete. Corre la consigna de que, por muy mal que funcione la cosa sin las firmas de los concejales de área, la máquina funciona. Con inseguridad jurídica, pero funciona. De ahí que la inutilidad manifiesta va dando paso a la de la prescindibilidad y el consiguiente ahorro en sueldos para una ciudad en la que el paso por el Ayuntamiento de unos y otros solo ha hecho que vaciar las arcas, engordar los bolsillos y llenar los juzgados.

Los granadinos se arreglan solos con esta anarquía buscándose la vida mientras que ya se ven llegar algunos tipos de esos con calcetines blancos y sandalias a los que llamamos turistas. Llega el verano. Las vacunas funcionan. El gobierno central y autonómico hacen su trabajo.

Será que podríamos rescindir el contrato a toda esta caterva y eso que nos ahorramos.

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