La chauna

José Torrente

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Han dejado hueco al populismo como solución, a una opción real de victoria del victimismo y no del esfuerzo colectivo y solidario

La suerte de Pedro Sánchez es la que tuvo Aznar cuando a la papeleta del PP no le hacía sombra ninguna otra a su derecha. El PSOE de hoy aparece como único voto útil entre las izquierdas para evitar que gobierne la derecha.

Ese favor del destino es con el que el socialista cuenta para seguir en la Moncloa. La dispersión de candidaturas entre el centro derecha, la derecha, y la derecha derecha, reparte la fuerza electoral que aportan dividida en tres papeletas.

La moción de censura que aupó a Sánchez se hizo para ser candidato desde la jefatura del Gobierno. Los viernes electorales son el para qué de aquella moción. Ir a unas elecciones desde la derrota que el PP de Rajoy infringió al PSOE de Pedro, con ese peor resultado en democracia que dejaron los 84 diputados socialistas, hubiera supuesto hoy una condena aún más severa para Sánchez.

Por la ley D'Hont, el principal enemigo de la derecha hoy es su dispersión de opciones. En ese espectro diverso Pedro Sánchez vive su oasis de campaña plana, objetivada más en no dar la nota siendo el Presidente candidato, que en tener que hacerse notar por ser el candidato aspirante.

Hay muchos motivos en la memoria colectiva para sacar conclusiones contra todos los partidos. Ni uno se escapa. Y esa razón no es culpa en absoluto de las ideologías postuladas, todas legítimas en democracia, sino de las personas que desde los partidos mutilaron la confianza en ellos depositada. La corrupción, la cuestión territorial, la fragilidad frente a los obsoletos nacionalismos, la inmigración o el islamismo terrorista, han quebrado de manera severa la credibilidad de los partidos, y roto la confianza debida entre electores y elegibles.

Bien por exceso o por defecto, por incomparecencia o por debilidad flagrante, los tradicionales partidos políticos españoles han dejado hueco al populismo como solución, a una opción real de victoria del victimismo y no del esfuerzo colectivo y solidario. Es amplio el deseo de usar el voto a la contra más que a favor, como expresión de un acto de venganza o rencor más que de apoyo e impulso a un proyecto afín.

Y claro, en ese ambiente Pedro Sánchez va tan ancho viendo cómo las derechas se atacan entre sí, y acuden a las urnas más divididas que unidas. Si a última hora no se remedia por los indecisos, se dará la paradoja por sus conflictos de ánimo y rencor pasajero, que los electores de derechas lograrán lo contrario de lo que todas ellas ansían, y Sánchez seguirá usando el Falcon.

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