El río de la vida

Esta agua es la polla

No deja de sorprenderme cómo los ánimos pueden caldearse por culpa de cómo hablamos

A veces la utilización del lenguaje suscita alarmas. No deja de sorprenderme cómo los ánimos pueden caldearse por culpa de cómo hablamos. Me llamó un amigo indignadísimo desde Madrid. Por lo visto había entrado en un bar (dichoso él) y al pedir un agua mineral le habían dado una botella de Lanjarón en cuya etiqueta venían cuatro expresiones muy granadinas: ¡Cuchi er tío!, ¡Lavín qué caloh!¡Foh! y ¡Qué lache compae! Le expliqué lo que sabía de esa campaña, que era una promoción especial que duró hasta el mes de octubre y que con ella la empresa de aguas había querido homenajear a su tierra de origen, por lo que había lanzado una colección inspirada en las ocho provincias andaluzas. "¿Y así queréis homenajear a vuestra tierra? Esa campaña es burda, zafia y os está diciendo que los andaluces habláis muy mal", me dijo mi amigo, que es catedrático de Universidad, está casado con una granadina y veranea en Almuñécar. "Me extraña que no hayáis protestado los andaluces por este atropello", me dijo. Yo traté de calmarle diciéndole que, la verdad, yo no lo veía tan mal y que, bien mirado, también podría ser una reivindicación de nuestras expresiones más populares.

-Si querían homenajear a Granada podrían haber puesto un pensamiento de Francisco Suárez o un verso de Lorca. Y si querían homenajear a Jaén una frase profunda sobre sus olivares estaría mejor que sus expresiones vulgares. En Córdoba podrían haber puesto un pensamiento de Séneca.

-Hombre, para frases sesudas ya están las de los azucarillos.

Esto que le dije le molestó mucho porque pensó que no me estaba tomando en serio el motivo de su indignación. Pero hay la suficiente amistad como para recibir de él la frase de "tú eres gilipollas" y yo no molestarme en absoluto. Nuestra amistad está a prueba de chorradas y malentendidos. Cuando se calmó un poco me dijo que, como yo bien sabía, él amaba Granada y se había cabreado cuando había visto esa publicidad que, a su parecer, nos perjudicaba más que lo que nos podía beneficiar. Y que esa campaña le parecía nefasta para la dignidad de los granadinos. Ya está. Eso era todo. Fin de la polémica.

-Además, si querían homenajear a Granada y encima ser contundentes podían haber puesto otra frase -me dijo.

-¿Cuál? le pregunté.

-Esta agua es la polla.

Y los dos terminamos riendo.

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