El duende del Realejo

Más estado de alarma

El Estado se ha convertido en un gulag, triturando muchas libertades consagradas, fruto de la lucha de generaciones

Esa expresión que ha comenzado a ser empleada en estos días, la "nueva normalidad", para referirse al desarrollo de la vida; luego de vencer o al menos dominar al famoso y terrorífico coronavirus que nos rodea; sería de uso mucho más propio de algún Pero Grullo que del concreto Pero Sánchez, nuestro presidente del absolutamente desnortado gobierno de la nación. ¿Cómo se puede hablar de alguna cierta normalidad, aunque ésta fuese distinta a la conocida por los vivos hasta ahora, cuando para el virus maligno ni existe tratamiento certero, ni mucho menos se ha encontrado vacuna que nos pueda librar de los padecimientos que causa y aún de la muerte?

Que las distintas etapas de confinamiento obligado por las leyes que declaran el estado de alarma se hayan prolongado de forma tal, que las consecuencias económicas que se esperan puedan ser absolutamente catastróficas, es lo que habría aconsejado atenuar paulatinamente lo referido al confinamiento. Eso no supone, en absoluto, una vuelta a ninguna normalidad.

De aquí en adelante, de no hallarse tratamiento o vacuna efectiva contra la enfermedad que nos rodea, vamos a estar expuestos, permanentemente, al contagio. Y mientras esa circunstancia persista no puede ser llamada "normalidad", ni nueva ni nada que se le parezca. Ese microorganismo patógeno, podría volver a atacarnos y no sabemos con qué virulencia e intensidad lo podría hacer.

Estamos desarmados, sólo podremos andar esquivos a sus ataques. Hasta ahora hemos encontrado -y algunos ni eso- escondites, que es en lo que hemos convertido nuestras casas, estúpidamente animadas por el bullicio tonto -por irreflexivo e inconsciente- de una falsa alegría, en todas esas vespertinas y concurridas verbenas infantiloides de balcón, mientras se nos escondían, a posta, los brillos funerarios de los millares de ataúdes de compatriotas, que han muerto y siguen muriendo en medio del silencio, de la soledad y del dolor familiar y para los que, el Estado, en manos de un gobierno que hemos visto con mucha más arrogancia que capacidad y conocimientos; por semanas se ha venido a convertir en verdadero gulag, triturando muchas libertades constitucionalmente consagradas y fruto de la lucha de generaciones de ciudadanos demócratas; no ofrecía más solución que esa, el pertinaz confinamiento y la insultante ausencia de cualquier clase de protección hacia las clases sanitarias, militares o de seguridad o de tareas de distribución, que han caído en sus trabajos como chinches ante el zotal.

Esta mañana, el Gobierno social comunista de Sánchez, va a pedir en el Congreso la renovación del estado de alarma. ¿Para qué lo quieren, lo apoyarán los partidos de la oposición? ¿O no?

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