Voto en negro

manuel / barea

Estado de alarma

EN la novela América, América, de Ethan Canin, el periodista Glenn Burrant, inventado por el escritor, cita al periodista real H. L. Mencken (1880-1956): "El único objetivo de la política es mantener a la población en estado de alarma. Amenazándola con una interminable serie de duendes. Todos imaginarios".

Aunque en período electoral -en la vida en general, vaya- no debe darse la razón a nadie, y menos que a nadie a un periodista, estarán de acuerdo en que el diagnóstico de H. L. Mencken no es nada desacertado. Lo que se ve y se oye estos días no hace más que corroborarlo. El comportamiento y los mensajes de quienes piden el voto no puede ser más maniqueo. Quizás es que no haya otra manera de hacerlo. O no sepan. O no quieran. Están el Bien y el Mal. Nosotros y los otros. Y éstos -tenedlo en cuenta, electores- son vuestra peor pesadilla. Decir duendes, como Mencken, es quedarse corto, es demasiado suave. Se trata más bien de fantasmas siniestros. Les advierten a los votantes: si le dais vuestra confianza a los otros la legislatura será un infierno. Cuidado con lo que hacéis, porque con ellos en el poder no sólo los males que ahora os provocan insomnio no desaparecerán, sino que aumentarán hasta llevaros a un estado de ansiedad y desasosiego perpetuo que hará infinitas vuestras noches.

Esto es también muy viejo -miren los años en que vivió Mencken-, y muy aburrido. Pero sobre todo es una falta de respeto a los ciudadanos, a los que se trata como a niños que sólo saben comportarse si son amedrentados. Miren, el día 22 voten a quien les parezca. O no voten, si les place. No hagan caso de lo que digan politólogos, economistas, sociólogos ni sacerdotes. No tengan en cuenta a muchos políticos. Y lo dicho: tampoco a los periodistas . O sí, escúchenlos a todos. Oigan sus historias de duendes para no dormir y vivan en estado de alarma.

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