Los nuevos tiempos

César Requeséns

crequesens@gmail.com

Una alcaldía berlanguiana

Al igual que todo lo berlanguiano, hay un transfondo trágico en este vodevil local

Las películas de Luis García Berlanga son ya el mejor retrato del ser español después de los esperpentos de Valle Inclán. Las escenas de películas como 'La escopeta nacional', 'Bienvenido Mr. Marshal' o 'Calabuig' están envueltas en un caos armónico en el cual hablan todos a la vez pero se escucha siempre al que con más vehemencia expresa su punto de vista. Todo son chanchullos, amiguetes por colocar, políticos mezquinos, arribistas y tronados. España en estado puro. Y cuanto más al sur, más aún.

Viendo un documental sobre este maestro del cine, con Pepe Isbert y su voz ronca inconfundible poniendo orden en las intervenciones, se me fue la imaginación a pensar cómo rodaría Berlanga el sainete que se ha montado en Ayuntamiento de Granada en el que, de forma horizontal, sin colores políticos y sin dar mayor relevancia a unos sobre otros, absolutamente todos los miembros del consistorio están ofreciéndonos justo eso, una película de Berlanga que, desafortunadamente, no es una ficción sino la realidad misma que sufrimos los que les elegimos.

Lo de que el alcalde Luis Salvador y su escudero fiel se tengan que firmar ellos solitos cientos de expedientes cada día para que no se detenga la maquinaria del Ayuntamiento ya daría para una buena escena de la película. A la semana ya aparecerían con el brazo escayolado o con insoportables ampollas en los dedos de tanto darle al bolígrafo; y qué decir de la velocidad de inauguración de actos o de entregas de premios o reuniones de vecinos con el alcalde entrando por una puerta y tardando dos segundos y poco en salir por la puerta de enfrente con todo ya inaugurado y las fotos hechas; por no decir de lo que serían las reuniones con las juntas de distrito o las asociaciones de vecinos. Visto y no visto. Y con la lengua fuera.

Daría risa pero, al igual que todo lo berlanguiano, hay un trasfondo trágico en este vodevil local. Porque son muchos millones gastados para que nadie haga nada salvo dejar que se prolongue este alarde de un Leónidas y su (único) espartano al que nadie le presenta una moción de censura de improbable futuro.

Al menos los verdaderos espartanos tenían honor, como lo tuvo hasta el verdugo de la película que, por cobrar su 'paguica', acababa perdiendo la dignidad que debe tener todo lo humano.

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