Cajón de sastre

La anormal normalidad

A lo mismo Andalucía da muestras de anormalidad y enseña el camino de lo normal tal como hizo en 1980

Mientras escribo estas líneas escuchó los cánticos que profieren medio centenar de jóvenes aficionados de un equipo de fútbol que, ignorando al equipo, los pueden entonar cualquier afición. Son las cuatro de la tarde y el partido comenzará dentro de cinco horas. Se pronostica lluvia, puede que estos jóvenes se mojen, desde luego humedecidos por dentro llegarán al estadio, vistas las numerosas bolsas que con botellas y latas portan. Esa es la querida y ansiada normalidad que al parecer queríamos conseguir. Dudo que aporten mucho a la economía local, aunque sin duda los trabajadores del servicio de limpieza de nuestra ciudad verán incrementada su carga de trabajo. A tal tarea también hay que sumar las numerosas fiestas y reuniones que protagonizan nuestra juventud mientras celebran la recuperada normalidad.

También vuelve a ser normal, yo diría que nunca desapareció salvo en el más estricto confinamiento del año pasado, tener que pasear por muchas zonas de nuestra ciudad sorteando sillas y mesas que invaden las aceras. Todo sea por las terrazas, el turismo y la economía. Y volviendo a la normalidad, se anuncia que Granada es la ciudad con peor calidad en el aire que se respira en España. Me pregunto si entre los indicadores atmosféricos se encontrará el nivel de alcohol etílico que se sirve a propios, entre los que me incluyo, y a los turistas que buscan el mejor atardecer con la mejor tapa. Qué ganas teníamos de retornar a esa normalidad.

Y para que aprecien que la normalidad ha llegado a todos los niveles, volvemos a disfrutar del sonsonete catalán con todo su vodevil y opereta de peleas fingidas entre unos y otros, los guapos y los más guapos por defender el llamado derecho a la auto-determinación. Un derecho que consiste básicamente en ignorar a la mitad de la población catalana. Lo normal es que el 'honorable president', apellidado Aragonés García (no me negaran que suena muy español), discursee en inglés y en catalán pero por supuesto ignore el español; y lo normal es que el gobierno de la nación les ría la gracia y mira para otro lado. Lo dicho, lo normal.

Lo absolutamente anormal parece que es que los dos mayores partidos en Andalucía lleguen a pactar unos presupuestos, los del próximo año para impulsar la normalidad. Yo me restriego los ojos y cruzo los dedos. A lo mismo Andalucía da muestras de anormalidad y enseña el camino de lo normal, tal como ya hizo en 1980. ¿Es que pactar por el bien común es anormal? Vale.

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