De nuevo nos encontramos con una iniciativa del presidente de EEUU, Donald Trump, que pone de manifiesto su política económica de confrontación y de exaltación nacionalista con un nuevo episodio.

Ahora se trata del anuncio de nuevos aranceles a numerosos productos que, para el caso de España, podrían afectar seriamente al sector agrícola y ganadero ya que gravaría a los productores españoles de aceite, vino, aceitunas, conservas, embutidos, jamón, quesos y frutas (entre otros muchos), por lo que se estima un impacto de al menos 1.000 millones de euros, la mitad en Andalucía. Y, por supuesto, con afectación intensa en Granada.

Un nuevo ejemplo de la visión miope, nacionalista y de confrontación que se extiende por diversos lugares del mundo y una nueva expresión de la disputa de EEUU con mercados potentes como el de la UE o China que, en el fondo, esconde una feroz lucha por el liderazgo del desarrollo económico y tecnológico mundial en los próximos años.

En España, en plena precampaña para las elecciones generales del 10 de noviembre, corremos el riesgo de utilizar este asunto como un tema electoralista y que la oposición culpe al gobierno de algo que tiene implicaciones económicas negativas, pero en lo que hay un estrecho margen para una respuesta eficaz desde el nivel nacional.

De haber algún margen, es en el ámbito de la respuesta que la UE pueda desplegar en un contexto enormemente complejo y difícil, porque Trump parece decidido a pasar por alto las obligaciones y las reglas que en el ámbito del comercio mundial están establecidas y cuyo control corresponde también a la Organizacion Mundial del Comercio.

En los próximos días es muy importante trabajar en una respuesta común de toda la UE porque hay varios países afectados por estas medidas. En Alemania, por ejemplo, se afecta de manera especial su industria aeronáutica. Es por eso que la respuesta común es imprescindible y necesaria.

La UE puede y debe negociar en estos días hasta la entrada en vigor de los aranceles que está prevista para el 18 de octubre. Pero también debe articular un plan B y una respuesta contundente si finalmente no hay un acuerdo con la administración americana.

Este es el mundo en el que vivimos y la economía en la que nos desenvolvemos: un mundo y una economía globales en la que cuando un agente relevante toma una decisión como esta, las consecuencias atraviesan mares y océanos a la velocidad de la luz afectando a millones de personas y destrozando cualquier previsión económica de futuro. ¡Tiempos difíciles! No simplifiquemos.

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