Quosque tamdem

Luis Chacón

luisgchaconmartin@gmail.com

El avestruz concienciado

Sancionar actos que justifiquen o inciten a la prostitución o a la violencia de género es ocultar la realidad, no combatirla

La Ley de Igualdad que han aprobado PSOE, PP y Ciudadanos en el Parlamento Andaluz es un atentado indecente a las libertades de expresión y creación artística. El feminismo de salón de los socialistas, la moralidad tridentina de los populares y el progresismo prêt-à-porter de ese pisto ideológico en el que se está convirtiendo el riverismo van a conseguir que a los millennials les ocurra como a sus abuelos. Que no van a poder oír Ojos verdes. O escucharán la versión censurada en la que, para ocultar que la protagonista del romance de Rafael de León era prostituta, convertía a una madre de familia -en rotunda expresión de la época- en un pendón desorejado. Y además, se fumaba.

Sancionar los actos culturales, artísticos o lúdicos que justifiquen o inciten a la prostitución o a la violencia de género -como establece la ley- es ocultar la realidad, no combatirla. ¿Quién decidirá si se justifica, incita o denuncia? ¿Un funcionario de la Junta? ¿Van a resucitar a los censores del franquismo que iban a los teatros con un metro de sastre para decidir sobre la inmoralidad de las faldas de las coristas? Basta leer un poco -ya sé que es mucho pedir para algunos políticos- para comprobar cómo, durante siglos, los artistas han denunciado nuestras miserias mientras la sociedad biempensante, fuera por interés, miedo o desidia, desviaba la mirada. El escándalo de la Nana de Émile Zola fue una bofetada en la cara de la doble moral de la Francia finisecular. Censurar el arte en este asunto concreto es hurtar a las nuevas generaciones la belleza de Carta de una desconocida, sea la novela de Zweig o la versión cinematográfica de Max Ophüls. Exhibir Irma la dulce o Las Noches de Cabiria será sancionable, el neorrealismo italiano desaparecerá de los cineclubs porque ver cine de calidad en Canal Sur es una quimera. Habrá que ocultar a los estudiantes de arte, a quienes plasmó Picasso en Las señoritas de Aviñón y quemar en la plaza pública los carteles de Toulouse-Lautrec.

Una película como Te doy mis ojos hizo más por concienciar a la ciudadanía sobre la violencia doméstica que todas las temporadas de copla y peineta de Canal Sur. Si el Parlamento andaluz y el Gobierno regional quieren luchar contra estas lacras que nos avergüenzan como sociedad deberían utilizar todos los medios de que disponen en lugar de conformarse con ocultarlas y multar a quien utiliza el arte para denunciarlas.

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