La ciudad invisible

César Requeséns

crequesens@gmail.com

El baile de lo real

Málaga tiene ese punto aleve de lo costero-cosmopolita, crece y abre los brazos a un futuro que soñó y ya realiza

El reloj del ayuntamiento recoge el verso que me sirve de guía en este año proceloso. A saber: "Feliz quien vive sus horas en dorado presente", certero aserto del gran poeta Antonio Carvajal, maestro que me hizo amar su arte en su impagable-mítico curso de métrica tan rescatable.

Tan alto apunta como tan próximo está ese instante en el que a veces te instalas casi sin quererlo, después de dejarlo todo y rendirte a lo que cualquiera de mis gatos, el dulce Chi o el aristocrático Tai -tanto monta-, rezuman en cada acto que consuman: el puro presente.

Fue el domingo en el Balneario del Carmen cuando, a punto de vencerse ya la hora sagrada de la siesta del verano, pareció detenerse el tiempo siendo yo el que me plegaba a su transcurso. Aquel espacio es así: decadente, a punto de derribo, pero siempre resurgiendo entre el oleaje del tiempo para permanecer en mitad del hormigón y el ladrillo de una Costa del Sol que sucumbió al canto de sirena desarrollista de los setenta. El balneario, entre eucaliptos y espuma, tiene la magia de lo único, farallón que festonea el tiempo y su oleaje.

Me reencuentro con el lugar después de años y, ahora mejor atendido, ofrece una coreografía de camareros que vuelan entre las mesas con platos repletos de espetos, de arroces o frituras. Parece una orquesta en la que, tocando cada cual a su aire, todo se conjuntará en una sola dirección para encauzarse hacia el comienzo de la tarde, con los bañistas entrando y saliendo del agua tibia, el socorrista adormilado con un ojo alerta y algún despistado que deja el patinete eléctrico en mal sitio.

Y uno solo se entrega allí a percibir lo diamantino del tiempo que se vive a sí mismo y se festeja en el coro de chicas que celebran el cumple de la amiga aupadas por la concurrencia que participa y sonríe y da palmas o flamenquea en el sarao que monta el grupo que ameniza cada tarde aquel espacio tan litoral y libre, con ese punto aleve que tiene todo lo costero-cosmopolita y cañí que aporta Málaga, la que crece y abre los brazos a un futuro que soñó y ya realiza ante el mundo.

Ese hilo entre lo antiguo y lo moderno engancha. No en vano es un balneario donde sanar de urgencias con el antídoto de lo importante, como esa sonrisa de coral tan suave en la que puedes descansar y hasta, si Ella te deja, reflejarte.

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