La ciudad invisible

César Requeséns

crequesens@gmail.com

La cabeza verde de la hidra

Hay toda una caterva de aspirantes a someternos a todos bajo la bota implacable de sus dictados

Concluyeron el mitin a los sones del himno nacional tras apelar a la identidad patria y recordar hasta la gesta de Lepanto con menciones a los hermanos (inmigrantes) del antiguo imperio. Eran los de Vox, la derecha de la derecha, enfrentados incluso a los que hasta ahora eran tildados de fachas (Cs) y de conservadores (PP), los fachas según todos. Pero llenaron el mismo recinto talismán de ese otro populismo morado de las soluciones simplonas de hoy para mañana, los morados podemitas. Los extremos se tocan, se ve.

Las recetas dadas, pues las de Le Pen pero con olor a tortilla y gazpacho y música de Manolo Escobar, es decir: lo español primero, la gloria pasada como inspiración, la Constitución como arma letal contra los enemigos de la patria (esto es novedad, ojo), unidad territorial y europeismo (novedad también). Es decir: se vio a una extrema derecha con la cara lavá de fascismo clásico (Falange y así ya gasta una estética de museo fuera del mercado) ondeando banderas legales y sin las razzias callejeras en busca de los rojos-barbudos-jipies de siempre. Los de Vox, al estilo de los nuevos populismos de derechas (con Trump a la cabeza), han aprendido que sin marketing no vendes en este gran super que es la realidad de hoy.

Viendo estas imágenes recordé otro mitin al que pude asistir en L'Ille, en Francia el año pasado, gracias a la invitación de mi amigo periodista Guillermo Fernández, estudioso de la saga Le Pen y el resurgir de los fascismos. Vi de cerca a Marine Le Pen desde la zona de prensa y entendí que esta gente mantiene el fondo del mensaje de siempre pero cambia las formas. Y me extrañó que España aún no se hubiera contagiado. Este domingo comprobé que sí, que el contagio solo ha tardado un año, y viste de verde fosforito.

Me queda la duda de si su músculo lo han fortalecido ellos mismos o se nutre de las pifias del corrupto hasta las cejas PPSOE y el nazionanismo cupero. Los errores de unos alimentan el extremismo de otros a base del buenismo cautivo. Y perdemos todos.

Que la democracia y sus instituciones no sean el coto de los señoritos (progres o carcas) es tarea nuestra. Porque disfrazados de verde o de morado hay toda una caterva de aspirantes a someternos a todos bajo la bota implacable de sus dictados. Cuidado.

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