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Bloguero de arrabal

Pablo Alcázar

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Con los cactus a otra parte

Las cajas de cartón están muy solicitadas después del tsunami electoral. Las buscan los cesados para la mudanza

Es tiempo de autocríticas. Porque si no te criticas tú, lo harán los demás con mayor dureza y razones. Lo de Andalucía ha sido una derrota también para nosotros, los que nos hemos creído portadores de la antorcha ilustrada. Y desorientados, masticamos ahora una ambigua sensación de liberación (por los que se van) y de desastre (por los que vienen). Como no tenemos ni coche oficial ni cactus en el alfeizar de la ventana de nuestro despacho oficial, no usaremos hecatombe para referirnos a lo que sentimos. El término se lo dejamos a los que están, full time, triturando los papeles comprometedores y buscando cajas de cartón para llevarse a casa sus cosas y sus plantitas, antes de que lleguen los otros a hacerse con sus coches y sus sillones. Tengo pruebas. Verán: hace años que suelo dejar el coche, sobre las 7 de la tarde, en un aparcamiento del Paseo de la Bomba, reservado "sólo para vehículos oficiales" de la Delegación de Cultura. A esa hora, suelen estar apagadas todas las luces de ese edificio y, como me tengo por persona de cultura, porque llevo leyendo libros y prospectos muchísimos años, me arrogo el derecho de aparcar en ese sitio. Ayer, el edificio tenía todas las luces encendidas. "O es que se reúnen a deshoras", pensé, "para llorar juntos, tras la Hecatombe o es que están blanqueando el local para el delegado entrante". Me temo que no tengo el aparcamiento asegurado tras el tsunami electoral. No quiero ni pensar lo que hará el delegado nuevo, si Vox pacta con el PP y con el Cs, y se hace con Cultura. A esas horas de la tarde, el edificio seguirá cerrado, como es habitual, pero no hay que descartar que los recién llegados, la tomen con los jubilados disruptivos, impertinentes y socarrones y nos impidan aparcar en la finca. Hecatombe, ya digo, no, pero algo parecido sí. Para qué seguir escribiendo, para qué seguir manejando poesía y humor para desnudar al poderoso e intentar dejarlo como lo parió su madre. Para qué dar tanto la monserga. Creyéndonos los sabios, lo puros, los razonables, los comprensivos, los compasivos, los incorruptibles. Un viejo ugetista, desgarrado por la Hecatombe, pero lúcido, me ha puesto sobre la pista de la insignificancia de mis críticas. "Las denuncias hoy en día están muy devaluadas. Casi tanto como las promesas", me ha dicho. Sabio, el hombre.

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