Bloguero de arrabal

Pablo Alcázar

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Que se callen o que se vayan

La zarzuela La Revoltosa (1897) inspiradora, a la par, del pensamiento patriarcal y del lésbico

Que la monogamia existe, lo sé desde chico. Mis padres formaban una pareja de monógamos rigurosos, aunque no sin fisuras. Mi madre, ya mayor, nos confesaba: "A mí me ha faltado un poco de tonteo". Y de mi padre supe por una de las funcionarias del Ayuntamiento, muchos años después de que se jubilara, que era muy atento y obsequioso con ellas y que solía regalarles flores y bombones. Estoy convencido que el hombre lo único que pretendía era crear un buen ambiente laboral. Ayer, en la Fuente de las Batallas, vi a una de mis hermanas paseando. Le silbé unas notas de La Revoltosa y ella volvió la cabeza. De mi padre aprendimos a silbar la melodía más pegadiza de esa zarzuela. Nos ha servido para identificarnos en medio de una multitud; para saber que había un Alcázar cerca. Él, con sus 24 años, cuando iba a pretender a mi madre, 10 años menor, le silbaba esa melodía para que saliera a pelar la pava al balcón de su casa de la Calle Carnicería, 3, junto a los Dominicos. Sostiene mi hermano mayor que mi padre no conocía la letra de lo que estaba silbando. Lo dudo; celoso como era, y educado en un matriarcado de raíz patriarcal, estoy convencido que cuando entonaba el zarzuelero "Que se vayan los hombres o que se callen", sabía muy bien lo que estaba chiflando. Seguro que la primera vez que oyó La Revoltosa en su preciosa gramola portátil de manivela decidió que esa fuera la canción de su vida. Conforme se acercaba al balcón de su novia -en un descanso de la preparación de las oposiciones-, procedente de su casa en la cercana Calle Seco de Lucena, enamorado como estaba, soñaba con que ningún hombre se acercara a mi madre. Y que si lo hacía, que fuera mudo. Briggitte Vasallo, militante activa del movimiento LGTBIQ+ y teórica de género, con ensayos sobre el poliamor y la monogamia, en una entrevista en el radioshow 'Deforme semanal' vino a decir algo parecido a lo que mi padre copió de La Revoltosa: que ella lo que le pide al feminismo es "que dejemos de hablar de los tíos… durante siglos y siglos las mujeres no hemos hecho otra cosa que hablar admiradas de los señores y, ahora, despotricamos constantemente de ellos, ¡basta ya!, a mí me interesan poco…hay que sacárnoslos de la cabezas". ¡La misma zarzuela, estrenada en 1897, en la raíz del pensamiento patriarcal y del lésbico! ¡Qué fuerte, tío!

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