Los nuevos tiempos

César Requeséns

crequesens@gmail.com

El cambio necesario

En Granada ya avisan de que el aire empieza a ser irrespirable. Y sin metáforas

Son muchos los que piden que se aproveche este momento histórico, el del confinamiento universal y este despertar tan lento que vivimos después del parón universal de la pandemia, para acometer los cambios de fondo que llevan décadas postergándose. La naturaleza se ve que está dando serios avisos de que si no cambiamos el rumbo y pasamos a hacernos sus aliados en lugar de sus terminator esto no va a dar para mucho más y ella, la gran madre tierra, se va a vengar de todos con la furia con la que acostumbra a dar lecciones sobre quién manda.

Nos jugamos la vida, ahora si de verdad y más que literalmente. No será ya una pandemia o la galopante desaparición de especies que vemos cómo un día sí y otro también pasan ya a estar solo en los libros de historia, porque ya nadie verá nunca más especies únicas que se van apagando sin remedio.

Algunos siguen aún pensando que este cambio de perspectiva sigue siendo cosa de hippies y gente así, como de los sesenta y haciendo la 'v' con los dedos y fumando alguna hierba. Son tópicos que aún perduran en la mente de algunos que aún creen en aquel desarrollismo capitalista de los sesenta-setenta del crecimiento imparable hasta tapizar el mundo de asfalto.

Con dos potencias dándose codazos por capitanear el siglo, una de ellas -China- con todo un país por amueblar, difícil será ser optimistas. Son intereses económicos los que priman. Detrás de esta pugna vendrá la carrera armamentista que ya dio comienzo y una industria a la que hay que darle mucha materia prima que alimente la fiera de la máquina que no respeta recursos naturales ni paraísos vírgenes donde aún no ha llegado la mano del hombre para realizar destrozos.

Pero incluso los más furibundos desarrollistas sin conciencia alguna ya perciben que hasta los mares se están volviendo sopa con trocitos de plástico; que la comida ya no sabe a casi nada o que de tanto mirar pantallas hasta ellos buscan un lugar limpio donde retomar el aliento que van perdiendo.

En Granada mismo ya avisan de que el aire empieza a ser irrespirable. Y sin metáforas. Con la Sierra al lado y el campo abierto alrededor, ya en nuestros propios vecindarios claman porque se limite el tráfico. Pero, bueno, ya vendrá otro que, además de cobrar el sueldo, quiera además incluso trabajarlo. Si da tiempo, claro.

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