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La cola de lectores de novelas de amor

Por pura nostalgia compré un libro y me puse a la cola. ¿Un viejo que lee novelas de amor? Eso da para el título de un libro

Manuel Rivas dijo un día que le gustaba leer frente al mar porque parecía que el agua se entremetía en el argumento y mejoraba el libro que tenía en la mano. Conmigo mejora un libro si lo leo con un olivar a la vista. Cuando era joven salía con mi hermano y mi padre a buscar espárragos por entre los olivares. Ellos se llevaban una navaja para cortarlos y yo un libro para leer. Cuando andaba un poco les decía que yo los esperaba leyendo debajo de un olivo. Al cabo de un rato ellos me enseñaban orgullosos las mostelas de espárragos que habían cogido y yo les contaba el argumento de La Colmena. Mi madre le achacaba mis continuos dolores de cabeza a la lectura, creía que si seguía leyendo de esa manera podría volverme loco como le había pasado a un tal don Quijote. Mi madre no sabía leer y se apuntó a la escuela de adultos para conocer las letras cuando se enteró de que yo iba a ser periodista e iba a escribir en los periódicos. Hasta ese momento ella creía que el mejor servicio que podía prestar un periódico era estar en el retrete: partidas las hojas por la mitad y puestas en un gancho de alambre. Mi tío se enteró de que se había muerto Marilyn Monroe seis meses después del fallecimiento de la actriz, cuando fue a coger un trozo de periódico para limpiarse el culo y vio la foto de la protagonista de Niágara ilustrando la noticia de su muerte. Mi tío leyó en voz alta la crónica periodística del óbito de la actriz y a mi madre se le saltaron las lágrimas. Fue cuando comenzó a confiar en mi oficio.

El otro día me pasé por la Feria del Libro y vi una cola enorme frente a una caseta. Todos eran adolescentes que llevaban un libro en la mano para que se lo firmara el autor. Pregunté quién era el escritor y me dijeron que era Blue Jeans, un novelista que se dio a conocer por las redes sociales y que escribe novelas de amor para adolescentes. Recordé que en mis tiempos el autor al que todos los adolescentes leíamos se llamaba Martín Vigil. Su libro La vida sale al encuentro fue un auténtico best seller. Por pura nostalgia compré un libro y me puse también a la cola. ¿Un viejo que lee novelas de amor? Eso da para el título de un libro.

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