El comensal que pidió una langosta

Después de pedirla, y como si quisiera justificarse, me dijo que no comía carne. Creí que podría ser vegetariano

El de la fotillo de arriba fue un día a comer a un chiringuito playero con un conocido que pidió una langosta a la plancha. Después de pedirla, y como si quisiera justificarse por su elección, me dijo que no comía carne. Creí que podría ser vegetariano o alguno de esos que votan al Partido Animalista. Me dijo que no, que simplemente no comía carne porque pensaba que le daba lástima lo que les hacían a los pollos, a los cerdos, a los corderos y a los terneros. No soportaba pensar el sufrimiento de los animales cuya carne se destina al consumo humano al ser sacrificados. Me contó que un día había visitado un matadero de corderos lechales, de menos de tres meses, y que aquella sensación de horror le había hecho tomar la decisión de no comer más carne. "¿Y no te dan lástima las langostas, las gambas o las almejas?", le pregunté. Entonces, como si esa pregunta la hubiera contestado muchas veces, me dio una lección sobre biología. Me dijo que los mamíferos tenemos una parte en el cerebro, el córtex cerebral, en el que se reflejan nuestros miedos, angustias, terrores y dolores. Y que ese córtex no lo tienen los seres vivos que nosotros tenemos encuadrados bajo el concepto de mariscos. Para él, un cerdo sufre lo indecible al ser sacrificado, mientras una gamba o una almeja no. Entonces le hablé de un artículo que había leído y que demostraba que las langostas sufrían al cocerlas y que la prueba estaba en que cuando se les echaba en una olla de agua caliente, el animal hacía todo lo posible por escapar. Antes de decirle que, según la zoología marina, una langosta tarda entre veinte y treinta minutos en morir, le hice dos preguntas: "Si no sufren las langostas… ¿por qué cuando tapas la olla en las que vas a cocerlas intentan levantar la tapa a empujones en un intento de escapar de la muerte? ¿Acaso no es ese retorcimiento y ese continuo batallar con las pinzas por salir del recipiente cuando empieza a hervir el agua un signo de dolor?". La langosta, le dije como conclusión de mi teoría, se comporta más o menos como nos comportaríamos los humanos si nos echaran agua hirviendo, con la excepción de que ellas no chillan y nosotros sí.

Total, que al final la langosta me la comí yo.

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