Por darnos un poco de esperanza y rebajar el mal café nos decimos constantemente que la lectura positiva de todo esto puede ser la catarsis posterior y la vuelta a valores positivos. Es una teoría probable y plausible. Pero hay cosas que no van a cambiar a tenor de lo visto estos días, como es la raíz cainita de este país y la necesidad de buscar culpables. Una noticia buena de estos días sería: hay un español con autocrítica. Si el que tuviera autocrítica fuera un político ya hablaríamos de ciencia ficción. Está claro que eso no va a cambiar y que, como mucho, se exacerbarán las diferencias y las ganas de vivir en un ambiente crispado. Ni el Gobierno ni la oposición están diciendo algo que no suene a palabras huecas, amplificados en uno u otro caso por sus afines. El problema es lo difícil que es creerse estos días cualquier cosa que nos dicen mientras la maquinaría política no para y los partidos en el Ejecutivo o los que gobiernan las autonomías se echan la pelota. Precisamente, en la semana que las cifras más duelen y asustan, esperemos que por fin nos hayan dicho la verdad de que este era el peor momento.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios