Bloguero de arrabal

Pablo Alcázar

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¿Por un cubo de cervezas?

Para Luis García Montero, tomarse una caña no es la libertad. Para más de un millón y medio de madrileños, sí.

Tribunicio, como suele, el profesor Luis García Montero ha declarado a Infolibre que: "Hemos llegado hasta el ridículo de una sociedad que cree que ser libre es tomarse una caña". Hombre de la "Alta Cultura", Montero parece convencido de que, para ser libres, los madrileños deberían llenar teatros, auditorios y plazas para asistir a la representación de óperas, a la lectura de algún poemario imprescindible o, como en tiempos de Ortega, a la disertación de algún sabio conferenciante sobre la democracia y sus enemigos, en lugar de asaltar las terrazas de bares en las que por seis euros te dan un cubo de tercios de cerveza y mogollón de alitas de pollo. No tema el lector, no espere de mí, porque me resultaría imposible hilvanarla, una explicación de por qué Ayuso ha triunfado en Madrid. Tampoco podría yo ir más allá de esto que afirmó de ella en un mitin la presidenta de Nuevas Generaciones del PP: "más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer". O sea, que en el PP conocen, mejor que nosotros desde fuera, la capacidad de esta política, a la que el propio partido, cuando convenga, y si hace sombra al líder alfa, le pondrá en el bolso unas mascarillas y unos botes de alcohol, distraídos de una perfumería. Tampoco me conviene aparecer como fino analista, no vayamos a que Ferreras me contrate como politólogo o Wyoming como guionista para ridiculizar hasta la extenuación a la presidenta y que, entre todos, consigamos que dentro de dos años obtenga todavía más votos. Ya les digo, no sé por qué Madrid vota a Ayuso, tampoco entendería que hubiese votado a cualquiera de los otros candidatos, dado que el gran exterminador ha dejado a los políticos y a la política en ridículo, mostrando impúdicamente sus vergüenzas y su incompetencia, enredados en sus logomaquias habituales, jugando con muertos y enfermos para ganar votos, en lugar de cerrar filas contra el daltónico y feroz enemigo común. Solo me atreveré a dar un estúpido argumento para que ustedes refuercen la pobre impresión que les causan mis columnas. La izquierda promete un cielo difícil de alcanzar. Pero, a lo que se ve, las personas se conforman con pequeñas satisfacciones posibles: una conversación en una terraza, la playa, unas cervezas… Y han preferido votar a la camarera que se las viene sirviendo, y que va a seguir en ello, caiga quien caiga

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