Los nuevos tiempos

César Requeséns

crequesens@gmail.com

El cuento real

La esclavitud del poderoso es la menos evidente pero tal vez la más pesada que exista

La celebración del día de tres mágicos Reyes de Oriente da pie a pensarse también lo de la monarquía, que no deja de tener su parte de cuento, pero real. Ahora pretenden que los monarcas sean gente 'normal', pero no pueden serlo; la naturaleza de la institución milenaria les hace distintos. Y en esa diferencia radica su sentido, si tiene alguno. Volverlos simples mortales, gente común como ustedes o como yo, niega su esencia misma que es la diferencia.

La realeza tiene un aura especial, desde niños lo sabemos. Sin ese plus casi sobrenatural, por encima del común de los mortales, toda su panoplia, evidentemente anacrónica, carece de sentido. La sucesión por filiación, el matrimonio a pasar por las Cortes, la obligación de un heredero... No, no son cosas de este tiempo, no, como la magia de los cuentos.

Nacer para ser rey nunca me pareció un regalo. Es un destino cerrado detestable para el que ame la libertad y ser dueño y constructor de su destino. Saberse observado, analizado, tutelado, cuestionado desde la cuna, ser más un símbolo nacional que una persona, y de por vida, pues oye, más bien como que no es para apuntarse. Podría pensarse que el sueldo compensa, pero no hay cárcel de oro que valga tu libertad y la de tu destino. La esclavitud del poderoso es la menos evidente pero tal vez la más pesada que exista.

El pacto es este: todos somos iguales salvo uno pues; no hay rey sin súbditos y somos los súbditos los que convenimos que hay uno con una mayor dignidad. Nobleza obliga: si el monarca se comporta como todos abandona su condición que es lo que ha pasado con el emérito. Supimos que su reinado tuvo mucho de cuento. Mientras la ficción se aceptó todo funcionaba. El sinsabor fue que el protagonista del cuento lo reventó. Y eso sienta muy mal. Como el día que descubres quiénes son de verdad los Reyes Magos; te queda un amargor. Y no digamos si te enteras de que había líos de faldas, testaferros y huidas al extranjero. Entonces se transforma en una historia de terror. Cuesta luego volver a creer en los cuentos, sean ficciones puras o jurídico-políticas.

Y en ello estamos, todos más o menos, valorando si cambiamos de ficción o si volvemos a dar crédito a los mismos, lo cual sería como volver a escribir la carta a los Reyes Magos y esperar además que mañana no nos traigan de nuevo carbón.

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