El dedo en la llaga

Amplios sectores están hartos de tanto personaje inútil, responsable de las decisiones que mediatizan nuestra vida

En medio de las batallas dialécticas que presenciamos en distintos programas de televisión y en algunas cadenas de radio donde se analiza, a veces con gran detalle por cierto, los distintos aspectos de nuestra realidad cotidiana, los ciudadanos; esos que somos tenidos en cuenta sólo para pagar y ser sondeados en encuestas o ser llamados a las urnas de vez en cuando; vamos poco a poco madurando, como si fuésemos una suerte de fruto en un huerto democrático y nos percatamos de que disponemos de instrumentos, de enorme utilidad, para corregir aquellos desmanes corruptos por despóticos, del todo incompatibles con la democracia.

Piénsese, por un momento si, tras los decenios de dictadura de posguerra, la etapa de la Transición y el asentamiento del sistema democrático que, con su aplicación y práctica durante otros tantos decenios, quizá podría haber llegado a convertírsenos en una especie de inexorable situación en la que los que mandan, lo hacen para bien o para mal obviando el peso de las Cámaras Legislativas, esquivándolas, sin que hubiese otro remedio que esperar a unas próximas elecciones para sacudirnos de encima a los indeseables que nos hubiesen tocado soportar, por el tan respetable peso de las papeletas. Una verdadera paradoja en teoría política.

Todo eso podría pensarse en estos días, en los que no se dice, pero se realizan encuestas -pagadas, claro está, con nuestro dinero y con efectivos humanos dependientes de la propia administración, es decir, de nosotros, sin eufemismos- en las que, de manera pertinaz y hasta contundente, se constata el hartazgo de amplios sectores ciudadanos por tanto personaje inútil, responsable de las decisiones que mediatizan, sin remedio, nuestras vidas, nuestras libertades y derechos, nuestra salud, nuestro trabajo y hasta el propio sistema democrático.

Las "redes" están que arden en este sentido, incendiadas a la par de agradecimientos a los miles de compatriotas que, entregados absolutamente a sus trabajos de servicios en medio de esta calamidad que vivimos, son no ya indispensables, sino insoslayables, llegando a la heroicidad de forma tan natural como cotidiana y a costa de su propia salud y hasta de sus vidas. Muchos, por muy poco más de mil euros y abandonados de protección y reconocimiento, como corresponde al despreciable carácter bolchevique de los actuales gobernantes social-comunistas de la nación.

Ellos, ejerciendo sin empacho la osadía y hasta la imprudencia, por pura ineptitud, no esperan que muchos se les revuelvan con millares de querellas en los juzgados que, piénsenlo sus señorías, pondrán de verdad en el banco de pruebas al Poder Judicial. ¿Meterán el dedo en la llaga? ¿O no?

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