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Cambio de sentido

La derechita valiente

Sólo hay una "derechita cobarde": la que le sigue el juego a los ideólogos del "Santiago y cierra España"

La "derechita cobarde", "los blanditos", "toro manso". Así llaman desde la punta derecha a los líderes -y por extensión a sus votantes- del PP y Ciudadanos. Más que por faltar (que también), lo hacen para citarles de cerca con este engaño, comprometerlos, buscarles la boquita y que extremen su discurso. Pablo Casado cayó en la trampa; cogió los mandos en Génova, pisó hasta el fondo, entró rápido en la curva cerrada a la derecha y se ha ido por el terraplén. Millones de electores le han dicho que nada de sobresaltos, ni de ponerse ex céntrico, ni de normalizar las bravatas extemporáneas del facherío. En nuestra pluralidad, la inmensa mayoría de españoles coincidimos en no querer en el poder a amigos de las pistolas, los muros y la bofetá a tiempo, ni a nostálgicos del régimen del que tuvo que huir (ay, María Zambrano; ay, Antonio Machado) lo mejor de España. La inmensa mayoría -plural y polimorfa- queremos dejar y que nos dejen vivir en paz, en igualdad real, con derechos y sin privilegios, con salud y educación para todos, sin que nadie pase fatigas, sin paternalismos, sin perdonavidas, en libertad. Sin crispación. Parece que el presidente del PP ha captado el mensaje de las urnas y se ha puesto ligero las pilas. Para empezar, ha llamado a la ultraderecha por su nombre. ¡A buenas horas! En cuanto lo han oído en Andalucía, Serrano y los suyos han amenazado con aguar los presupuestos de la Junta. Porque ellos lo valen. Lo que le faltaba a nuestra tierra. Sólo hay una "derechita cobarde": la que hace concesiones a los ideólogos del "Santiago y cierra España".

Deseo para mi país y mi comunidad una derecha valiente, responsable, de gentes liberalistas o conservadoras que defiendan sus proyectos con seriedad y que -fundamental- rechacen actitudes y alianzas de extrema derecha. Merkel o Macron no dejan de advertir de los peligros del auge de la ultraderecha en sus respectivos países y marcan claras distancias. Incluso desde el Elíseo ya aconsejaron a España cuidarse (de haberse dado el caso) de trabajar con el partido de extrema derecha. El PP ya supo por décadas amortiguar el golpe de las botas duras, supo diluir la corriente filofranquista que podría haber vuelto a poner en riesgo la convivencia en nuestro país; esperemos que ahora estén a la altura de las circunstancias. Más aún que de la izquierda, debe ser compromiso de la derecha hacer raya y poner lejos a la exaltada ultraderecha. Nos va la libertad, los derechos y la buena vida en ello.

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