Cambia, todo cambia

El derecho a un empleo, un derecho humano

En primer lugar quiero dar la enhorabuena a las personas que hayan sido contratadas en el Centro Comercial Nevada, pues, en los tiempos que corren, encontrar un empleo no es tarea fácil.

Ahora bien, desde hace años sabemos que por cada puesto de trabajo creado en una gran superficie, se pierden al menos tres puestos de trabajo en el comercio tradicional, principalmente en los establecimientos más frágiles de los barrios y pueblos cercanos a la gran superficie en cuestión, pues los centros de las capitales sufren algo menos esta nueva competencia. Quizás por eso, tal y como señalaba este periódico, no se haya notado el efecto Nevada en las cifras del paro que conocimos la semana pasada.

En la capital granadina hay unas 24.000 personas que buscan trabajo y no lo encuentran, mientras que el total de la provincia supera las 93.000. Evidentemente, este es uno de los principales problemas a los que nos enfrentamos, si no el principal. La crisis que estalló en 2008 acabó con miles de granadinos y granadinas en las listas del paro o en las listas de la emigración.

La pomposa apertura del Nevada demuestra que ocho años después nuestros gobernantes siguen aplicando las mismas recetas. Continuando con un modelo que perpetúa las desigualdades y la precariedad laboral, dejando a Granada en el vagón de cola.

Es urgente un cambio de modelo productivo que considere la economía local como un bien a reproducir y no como un objeto de saldo para el mejor postor. De hecho, los récords de visitantes y de pernoctaciones no son suficientes para disminuir sensiblemente el paro en nuestra ciudad ni tampoco están mejorando las condiciones de quienes trabajan en la hostelería.

Es necesario identificar los sectores emergentes y apoyarlos de manera decidida, hay que revertir ya los recortes en los servicios públicos, como los que lleva aparejados la fusión hospitalaria, y necesitamos administraciones valientes como el Ayuntamiento de Atarfe, que sean capaces de remunicipalizar servicios externalizados garantizando el empleo y reduciendo la precariedad laboral. Esperemos que el Gobierno de la capital atienda a las demandas y a las capacidades de la ciudadanía granadina y que el nuevo presupuesto municipal inicie el camino.

En definitiva, hace falta un plan de choque coordinado con todas las administraciones para acabar con el desempleo y evitar que las desigualdades se hagan eternas en Granada. El 6 de diciembre conmemoramos nuestra Constitución y el 10 de diciembre la Declaración Universal de los Derechos Humanos. En pleno siglo XXI pedir que ambos textos se cumplan en Granada no es una utopía, es una obligación.

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