Mirar Granada

Los derechos de las mujeres

Cuando se atacan derechos reconocidos en nuestra legislación, no vale echar mano de la libertad de expresión

Esta semana se cierra, al fin y sin que nos engañemos, con buenas noticias: los datos de paro y de población activa lo son, muy buenos.

En lo que las noticias siguen siendo espeluznantes en en lo que se refiere a la violencia machista: sigue el goteo incesante de desapariciones o de asesinatos. El último, en Fuentes de Cesna, tan cerca de Granada. Sigue habiendo polémicas en torno a cómo llamar a esa violencia que se ceba en las mujeres y solo en ellas por el hecho de serlo. Sigue habiendo gente (personas, grupos, entidades, colectivos) empeñada en blanquear los ataques a los derechos de las mujeres, esos que creíamos consolidados y vuelven, una y otra vez, a cuestionarse.

La última andanada contra el derecho a la maternidad elegida viene envuelta en campaña publicitaria. Sí, sí: publicitaria: esto (también) va de dinero. Se trata de una campaña a nivel nacional promovida por la Asociación Católica de Propagandistas en la que se anima a ejercer acciones de acoso contra las mujeres que deciden interrumpir su embarazo y las clínicas en las que se realiza esta intervención. La excusa, en este caso, es quejarse o victimizarse ante la posibilidad de que una ley en tramitación considere delito esas acciones. La campaña se ha lanzado en 33 ciudades de nuestro país, bajo el paraguas de la libertad de expresión.

Ha habido respuestas, naturalmente. Desde contracampañas publicitarias en la que el lema 'Rezar frente a una clínica abortista está genial' se convierte en 'Rezar frente a un pedófilo en una iglesia es lo habitual', como es el caso de MADRID. Ha habido declaraciones, réplicas, confrontaciones…y también actuaciones, que es lo que realmente hace falta para salvaguardar derechos.

Algunos ayuntamientos (una decena, entre ellos el de Granada) han retirado de marquesinas y soportes publicitarios esa polémica campaña. Sus argumentos, muy simples: vulnera los derechos de las mujeres.

Y es que no todo vale. Cuando se hace apología del odio, no vale ampararse en la libertad de expresión. Cuando se hacen afirmaciones machistas, no vale ampararse en la libertad de expresión. Cuando se atacan derechos reconocidos en nuestra legislación, no vale echar mano de la libertad de expresión. Las instituciones públicas deben velar por la salvaguarda de todos los derechos. El de expresión, por supuesto. Pero el de la libre decisión de seguir o no con un embarazo también. No vaya a ser que, como ocurre con tanta frecuencia, los derechos de las mujeres pasen a una categoría distinta al resto de los derechos humanos.

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